Uruguay y Argentina marcaron este jueves un hito en la diplomacia comercial de Sudamérica al convertirse en los primeros países del Mercosur en ratificar formalmente el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (UE). Esta validación, lograda tras la aprobación definitiva en sus respectivos recintos legislativos, representa un avance crítico para la puesta en marcha de un acuerdo que tomó un cuarto de siglo en concretarse.
El pacto, cuya firma inicial se realizó el pasado mes de enero después de 25 años de intensas y a menudo pausadas negociaciones, busca eliminar barreras arancelarias y fomentar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre ambas regiones. Con la ratificación de Montevideo y Buenos Aires, la atención se desplaza ahora hacia Brasil y Paraguay, los socios restantes del bloque sudamericano, quienes deberán completar sus procesos internos para que el tratado pueda entrar en vigor plenamente y transformar la dinámica económica transatlántica.
Para México, este desarrollo no pasa desapercibido. Como una nación que ya cuenta con un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUEM), la entrada de los gigantes del Cono Sur al mercado europeo bajo condiciones preferenciales plantea un nuevo escenario de competencia y oportunidad. Mientras que para las empresas mexicanas significa un rediseño de la competencia en sectores clave como el agroindustrial y el automotriz, para la región latinoamericana en su conjunto supone un fortalecimiento de la posición comercial frente a otras potencias globales.
Analistas internacionales coinciden en que la celeridad de estas ratificaciones envía una señal de certidumbre y apertura económica en un contexto de volatilidad en los mercados internacionales. La Unión Europea, por su parte, ve en este acuerdo una oportunidad estratégica para diversificar sus cadenas de suministro y consolidar su influencia en América Latina, una zona con la que comparte profundos lazos históricos y culturales.
El camino hacia la implementación total aún enfrenta retos, especialmente ante las preocupaciones ambientales y agrícolas que persisten en algunas capitales europeas. Sin embargo, el paso dado por Uruguay y Argentina coloca al Mercosur en una posición de ventaja estratégica, cerrando un ciclo de negociaciones que inició a finales del siglo XX y que hoy, finalmente, comienza a ver sus frutos legales y operativos.
