En un giro inesperado que ha captado la atención de la prensa internacional, Amanda Knox, la mujer estadounidense que se convirtió en el rostro de uno de los procesos judiciales más controvertidos de este siglo, ha generado polémica al pronunciarse sobre el caso de la enfermera británica Lucy Letby. Knox ha sugerido que Letby podría estar siendo víctima de un linchamiento mediático similar al que ella misma enfrentó hace más de una década, instando a la opinión pública a buscar «la verdad» antes de emitir juicios definitivos.
Para los lectores en México, el nombre de Amanda Knox es recordado por el caso del asesinato de la estudiante británica Meredith Kercher en 2007, en Perugia, Italia. Knox, quien era compañera de cuarto de la víctima, fue condenada inicialmente y pasó cuatro años en prisión antes de que su sentencia fuera anulada en 2011. Su historia, marcada por el sensacionalismo y las fallas en la cadena de custodia de las pruebas, guarda paralelismos con casos de alto impacto en el sistema de justicia mexicano, donde la presión mediática suele influir en la percepción de culpabilidad.
En esta ocasión, Knox ha utilizado su plataforma para señalar que Lucy Letby, recientemente condenada en el Reino Unido por el asesinato de varios recién nacidos, ha sido «tildada de monstruo» de la misma forma en que ella fue retratada por los tabloides europeos. La activista estadounidense argumenta que las narrativas construidas por los medios de comunicación a menudo oscurecen la evidencia científica y los hechos reales, creando una imagen distorsionada de los acusados que es casi imposible de borrar, incluso si se demuestra su inocencia.
El caso de Letby ha comenzado a suscitar dudas entre diversos expertos internacionales que cuestionan la solidez de las pruebas estadísticas utilizadas durante su juicio. Knox, aprovechando su experiencia personal con el sistema judicial italiano y su posterior exoneración definitiva en 2015, enfatiza que la deshumanización de un sospechoso es un síntoma de un sistema que busca culpables rápidos en lugar de justicia real. Según Knox, el etiquetar a alguien como un 'monstruo' impide un análisis objetivo de las pruebas y fomenta un entorno donde los errores judiciales son más probables.
Este pronunciamiento reabre el debate global sobre la ética periodística y el papel de la sociedad civil frente a casos criminales de alta complejidad. Mientras Letby cumple su condena en una prisión británica, las palabras de Knox sirven como un recordatorio de que la opinión pública, aunque poderosa, no siempre es sinónimo de justicia, especialmente cuando se alimenta del sensacionalismo.


