Imaginen entrar a un estudio esperando la energía eléctrica de Nueva York y encontrarse con un silencio sepulcral. El esperado estreno de Saturday Night en su versión británica a través de Sky este pasado sábado por la noche dejó a los críticos y al público con un sabor amargo. A pesar de contar con la presencia de la legendaria Tina Fey como anfitriona, el programa no logró capturar la chispa del original de Lorne Michaels, convirtiéndose en un bostezo monumental que ya está dando de qué hablar en las redes sociales por su falta de ritmo y originalidad.

La noche comenzó con un segmento de apertura, conocido como Cold Open, que resultó doloroso de ver para los seguidores habituales del formato. En esta secuencia, el primer ministro Keir Starmer aparecía temblando ante una llamada telefónica de Donald Trump, pero el guion careció de frases memorables o de ese colmillo político que ha hecho famoso al show en Estados Unidos. Para los espectadores que buscaban una sátira afilada, el resultado fue una parodia plana que se sintió forzada y, según los primeros reportes de la prensa especializada, totalmente carente de risas genuinas en el set. (Lee también: Así es como el first weekend de SNL UK humilló al príncipe Andrés.)

Este lanzamiento tiene una relevancia particular para México y Latinoamérica, donde Saturday Night se ha consolidado como una institución cultural gracias a décadas de transmisiones por sistemas de cable y streaming. Mientras que en España y el resto de Europa la expectativa era alta por ver una adaptación local con el sello de Sky, el fracaso de este primer episodio enciende las alarmas sobre si el humor estadounidense es realmente exportable. Los fans mexicanos, acostumbrados al ritmo vertiginoso del elenco de Nueva York, difícilmente encontrarán atractiva esta versión si no se realizan ajustes inmediatos en la dirección creativa. (Lee también: 3 razones por las que el caso de Paapa Essiedu sacude a Harry Potter.)

Lo que sigue ahora es un periodo de incertidumbre para la franquicia fuera de sus fronteras tradicionales. Aunque la participación de Tina Fey buscaba dar legitimidad al proyecto, su presencia no fue suficiente para rescatar sketches que fueron calificados como aburridos y sin sentido. Por ahora, queda pendiente de confirmar si la producción realizará cambios drásticos en el equipo de guionistas para los siguientes episodios o si este experimento británico terminará siendo una nota al pie de página en la historia de la televisión internacional. La gran pregunta para el público hispano es si alguna plataforma se atreverá a traer este contenido a nuestra región tras las demoledoras críticas iniciales. (Lee también: Así es como Princess Diana regresó a la televisión hoy en SNL U.K..)

En conclusión, el debut de Saturday Night en territorio británico nos recuerda que la comedia es un lenguaje delicado que no siempre se traduce bien entre culturas. Lo que funciona en el Studio 8H de Rockefeller Center parece haberse perdido en el cruce del Atlántico. Por ahora, el programa sigue al aire en el Reino Unido, pero la sombra de la cancelación o de una reestructuración profunda planea sobre el set de grabación antes de que se cumpla el primer mes de transmisiones.