En una declaración que ha encendido las alertas en las principales capitales del mundo, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, manifestó su disposición para integrar armamento nuclear a su esquema de defensa. El mandatario ucraniano señaló que aceptaría «con mucho gusto» este tipo de recursos provenientes de sus aliados occidentales, una postura que marca un punto de inflexión en la retórica del conflicto que mantiene con Rusia.

Estas afirmaciones surgen como respuesta directa a diversos reportes que circulan en medios europeos sobre presuntos planes de Londres y París para transferir capacidades militares de alto impacto a Kiev. En los círculos diplomáticos, se ha mencionado la posibilidad de que el Reino Unido y Francia faciliten lo que algunos han descrito como una «arma maravillosa», un término que evoca un salto tecnológico significativo en el campo de batalla.

Para el gobierno ucraniano, la búsqueda de garantías de seguridad sólidas se ha vuelto una prioridad absoluta tras casi tres años de hostilidades. Zelenski ha argumentado en foros internacionales que la renuncia voluntaria de Ucrania a su arsenal nuclear en la década de los 90, bajo el Memorándum de Budapest, dejó al país vulnerable ante la agresión extranjera. En este sentido, la recuperación de una capacidad de disuasión nuclear es vista por Kiev como una herramienta necesaria para equilibrar la balanza frente a las fuerzas rusas.

Desde la perspectiva de México, este anuncio resulta de particular interés debido a la política exterior mexicana de paz y desnuclearización. México ha sido históricamente un líder en la lucha por el desarme atómico, impulsando el Tratado de Tlatelolco para mantener a América Latina como zona libre de armas nucleares. El posible retorno de armamento nuclear a suelo ucraniano representa, para los observadores internacionales en México, un retroceso en los esfuerzos globales de no proliferación y una amenaza a la estabilidad del mercado energético y comercial que afecta indirectamente a la economía nacional.

Por ahora, ni el gobierno británico ni el francés han confirmado oficialmente la transferencia de tales tecnologías, pero el solo hecho de que Zelenski acepte públicamente esta posibilidad añade una capa de complejidad a las ya tensas relaciones entre la OTAN y el Kremlin. La comunidad internacional observa con cautela si esta declaración es una medida de presión diplomática o el preámbulo de una escalada militar sin precedentes en la Europa moderna.