El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los puntos más críticos y divisivos en el camino hacia un posible cese al fuego: la identidad y voluntad de los habitantes en las zonas actualmente bajo control de las fuerzas del Kremlin. En declaraciones que buscan desarticular la narrativa de Moscú, el mandatario cuestionó severamente la premisa rusa de que las poblaciones de las regiones en disputa desean integrarse a la Federación Rusa.
'¿Quién les ha dicho a los rusos que estas personas están dispuestas a ser rusas?', increpó Zelenski con firmeza. Estas palabras no son casuales, sino que surgen en un momento de estancamiento diplomático donde las presiones internacionales para encontrar una salida negociada al conflicto se intensifican, chocando frontalmente con la exigencia ucraniana de recuperar su integridad territorial completa bajo las fronteras reconocidas de 1991.
Desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022, el gobierno de Vladímir Putin ha justificado su avance militar bajo el argumento de proteger a las poblaciones rusoparlantes y ha llevado a cabo procesos de anexión que la comunidad internacional, en su gran mayoría, considera ilegales. Sin embargo, Zelenski sostiene que estas acciones ignoran el derecho humano fundamental de la autodeterminación y que la supuesta aceptación de la ciudadanía rusa en esas regiones se da bajo un contexto de coacción y ocupación militar.
Para México, este conflicto representa un caso de estudio fundamental bajo la lente de la Doctrina Estrada y los principios constitucionales de política exterior, como la no intervención y la solución pacífica de las controversias. La postura de Zelenski resuena con la defensa histórica de la soberanía que México ha sostenido en diversos foros multilaterales, subrayando que la paz no puede ser impuesta a costa de la voluntad de los pueblos involucrados.
El estancamiento en las negociaciones parece ser absoluto. Mientras Rusia exige el reconocimiento de las 'nuevas realidades territoriales' como condición innegociable para sentarse a la mesa de diálogo, el liderazgo en Kiev insiste en que cualquier acuerdo que implique ceder territorio sería una traición a sus ciudadanos. El cuestionamiento de Zelenski traslada así el debate de los mapas estratégicos y las líneas de fuego hacia el terreno de los derechos civiles y la identidad nacional, factores que parecen ser el mayor obstáculo para un acuerdo duradero en el corto plazo.
