En un movimiento que redefine la geopolítica del Magreb, la ciudad de Washington se convirtió en el epicentro de intensas negociaciones diplomáticas los pasados 23 y 24 de febrero. Representantes de alto nivel de Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario sostuvieron reuniones de carácter confidencial con el objetivo de destrabar el añejo conflicto del Sahara Occidental, apenas dos semanas después de un encuentro similar realizado en Madrid.

Bajo la batuta de la administración Trump, Estados Unidos ha pisado el acelerador diplomático para cerrar lo que se conoce como el "expediente del Sahara". La estrategia de la Casa Blanca parece estar claramente inclinada a favor de su aliado histórico, Marruecos, impulsando el plan de autonomía marroquí como la única salida viable frente a la histórica demanda de un referéndum de autodeterminación promovida por el Frente Polisario.

Este cambio de ritmo en la diplomacia estadounidense busca poner fin a décadas de estancamiento. Desde hace varios meses, Washington ha incrementado la presión sobre las partes involucradas para que acepten una solución política pragmática. El plan marroquí propone una autonomía bajo su soberanía, una postura que choca frontalmente con las aspiraciones de independencia total del pueblo saharaui, respaldadas históricamente por Argelia.

Para la audiencia en México, este tema reviste una importancia particular en el ámbito de la política exterior. Tradicionalmente, México ha mantenido una postura de apoyo a la autodeterminación de los pueblos y ha reconocido formalmente a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) desde 1979. La presión actual de Washington podría poner a prueba la doctrina diplomática mexicana y el equilibrio de fuerzas en organismos internacionales como la ONU, donde este tema es motivo recurrente de debate.

A pesar del hermetismo de las conversaciones en la capital estadounidense, fuentes diplomáticas sugieren que la Casa Blanca ve en la resolución de este conflicto una oportunidad para fortalecer la estabilidad en el norte de África y consolidar sus alianzas estratégicas en la región. Sin embargo, la falta de consenso inmediato entre Marruecos y el Frente Polisario sugiere que el camino hacia una paz duradera sigue siendo complejo y lleno de obstáculos burocráticos y territoriales.