El reconocido actor brasileño Wagner Moura, recordado internacionalmente por sus potentes interpretaciones en producciones de alto perfil, ha puesto nuevamente el dedo en la llaga sobre la compleja realidad política y social de su nación. A través de su más reciente proyecto cinematográfico, Moura se ha propuesto desmantelar lo que define como un relato oficial distorsionado sobre la dictadura militar en Brasil, advirtiendo sobre las peligrosas consecuencias de una sociedad que padece de una preocupante "amnesia" histórica.

Para el histrión, el cine no es solo una herramienta de entretenimiento, sino un vehículo indispensable para la preservación de la memoria. Moura sostiene con firmeza que la falta de una revisión crítica y honesta sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el régimen militar (1964-1985) ha permitido que ciertos sectores de la sociedad, especialmente las nuevas generaciones, idealicen un periodo que estuvo marcado por la censura, la persecución y la represión sistemática. En este sentido, su nueva película se presenta como una provocación necesaria frente al silencio institucional que ha prevalecido en diversos estratos del gigante sudamericano.

Uno de los puntos más alarmantes destacados por el actor es el resurgimiento de posturas ultraconservadoras entre los jóvenes. Moura observa con inquietud cómo este grupo demográfico, que por cuestiones generacionales no vivió los años del autoritarismo, se muestra cada vez más receptivo a discursos que reivindican la "mano dura" y el control militar. Según la visión del artista, este fenómeno es un producto directo del desconocimiento de los hechos reales y de la ausencia de una educación pública enfocada en la defensa irrestricta de los derechos humanos.

Esta problemática no resulta ajena a la realidad mexicana. Al igual que en Brasil, México ha enfrentado sus propios y dolorosos procesos de justicia transicional y la lucha inalcanzable por esclarecer los episodios de la llamada "Guerra Sucia". La advertencia de Moura resuena con fuerza en el contexto latinoamericano, donde la fragilidad de las instituciones democráticas a menudo se ve amenazada por el olvido colectivo y una polarización política que busca reescribir la historia a conveniencia.

Finalmente, el llamado de Wagner Moura es a la resistencia civil a través del conocimiento. El actor enfatiza que un país que no conoce su historia está condenado a repetir sus errores más oscuros. Para él, el arte debe fungir como el espejo que obligue a la sociedad a mirar sus cicatrices más profundas, no para reabrir heridas, sino para garantizar que el autoritarismo no vuelva a encontrar terreno fértil en la región.