La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió recientemente a una delegación de altos directivos de la multinacional energética Shell en Caracas. El encuentro, de carácter estratégico, tiene como objetivo principal la revisión y posible expansión de proyectos de extracción y explotación de hidrocarburos en el país sudamericano, marcando un hito en la reapertura económica de la nación frente al mercado global.
Esta reunión se produce en un contexto de cambio en la política exterior de Washington. Recientemente, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), emitió una serie de licencias específicas que permiten a gigantes energéticos internacionales retomar o ampliar sus operaciones en territorio venezolano. Este movimiento representa un alivio significativo a las sanciones impuestas en años anteriores, permitiendo que empresas con tecnología de punta vuelvan a interactuar con la estatal PDVSA.
Shell, que cuenta con una trayectoria histórica en la región, busca posicionarse nuevamente en el mercado venezolano, especialmente en el sector del gas natural. Para Venezuela, la reactivación de estas alianzas es crítica para recuperar los niveles de producción de crudo y mejorar la infraestructura energética que se ha visto deteriorada por la falta de inversión extranjera y el aislamiento financiero internacional.
Desde la perspectiva mexicana, estos movimientos en el tablero energético sudamericano son de suma importancia. México, como actor relevante en la producción de petróleo en América Latina, observa con atención la reintegración de Venezuela al mercado formal. Un incremento en la oferta venezolana podría influir en los precios de referencia del crudo regional y abrir nuevas oportunidades de cooperación energética en la cuenca del Caribe, donde México mantiene intereses estratégicos a través de Pemex y acuerdos regionales.
El diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la empresa británica-neerlandesa sugiere que el sector energético será el motor principal para la estabilización de la economía venezolana en el corto plazo. Analistas internacionales coinciden en que, de concretarse estos nuevos acuerdos, se sentarían las bases para un nuevo ciclo de inversiones que podría transformar la dinámica geopolítica de la región, favoreciendo una mayor integración comercial en el continente.

