La tumba de James Bulger, el niño cuya trágica muerte conmocionó al mundo en la década de los noventa, ha sido objeto de un ataque vandálico que ha generado una ola de indignación internacional. Denise Fergus, madre del menor, denunció públicamente que el lugar de descanso final de su hijo fue profanado, resultando en daños significativos a la estructura del monumento fúnebre.
De acuerdo con la información proporcionada por Fergus, los vándalos se ensañaron con las figuras de querubines que flanquean la lápida del pequeño de dos años. Los atacantes destrozaron por completo las cabezas de las estatuas, un acto que la madre ha descrito como devastador y repugnante. Ante la gravedad de los hechos, Fergus ha emitido un llamado de auxilio urgente a través de diversos medios para tratar de localizar a los responsables de lo que considera una afrenta directa a la memoria de su hijo.
Para el público en México que no esté familiarizado con el impacto de este caso, James Bulger fue un niño que fue secuestrado, torturado y asesinado en Liverpool, Inglaterra, en febrero de 1993. Lo que hizo este crimen particularmente estremecedor fue que los perpetradores eran otros dos niños de apenas diez años de edad. El suceso marcó un antes y un después en el sistema judicial británico y en el debate global sobre la responsabilidad penal juvenil, convirtiéndose en una herida abierta para la sociedad del Reino Unido.
Denise Fergus compartió su profundo dolor ante este nuevo agravio, señalando que el ataque al sitio donde descansa su hijo es un golpe bajo que revive el trauma de su pérdida. La madre instó a cualquier persona que pudiera tener información sobre el incidente o que haya presenciado movimientos sospechosos en el cementerio a presentarse ante las autoridades locales, con la esperanza de que los perpetradores enfrenten las consecuencias legales de sus actos.
Este lamentable incidente ocurre en un contexto donde la familia Bulger ha luchado incansablemente por mantener el respeto hacia la memoria de James. La profanación representa no solo un acto criminal de vandalismo, sino una agresión emocional para una familia que ha vivido bajo el dolor constante durante más de tres décadas. Las autoridades ya han iniciado las investigaciones correspondientes para dar con los responsables de este reprobable acto de odio.



