La relación entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), históricamente considerados aliados estratégicos e inseparables en el Golfo Pérsico, atraviesa un periodo de tensión sin precedentes. Según revelaciones recientes, el epicentro de esta ruptura se remonta a una gestión directa realizada ante el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en relación con el conflicto bélico en Sudán.
El conflicto en Sudán, país ubicado en el noreste de África y que actualmente vive una de las peores crisis humanitarias del mundo, se convirtió en el tablero de ajedrez donde los intereses de Riad y Abu Dabi chocaron de frente. La solicitud mencionada, dirigida a la administración Trump, expuso las divergencias estratégicas de ambos países sobre cómo manejar la inestabilidad en la región africana, desatando una serie de sospechas mutuas que terminaron por fracturar la confianza diplomática.
Para el público mexicano, entender esta disputa es crucial debido a la influencia que ambas naciones ejercen en la economía global. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos no solo son pilares de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), sino que sus decisiones afectan directamente el precio internacional del barril de crudo. Cualquier inestabilidad o falta de consenso entre estos gigantes energéticos impacta la mezcla mexicana de exportación y, por ende, las finanzas públicas y el presupuesto de Petróleos Mexicanos (Pemex).
El papel de Donald Trump en esta dinámica subraya cómo la política exterior de su administración fomentó canales de comunicación directos que, en ocasiones, saltaron los protocolos diplomáticos tradicionales, intensificando la rivalidad entre los príncipes herederos de ambas naciones. Lo que comenzó como una discrepancia sobre la estrategia militar y política en Sudán ha escalado a una competencia feroz por el liderazgo económico y financiero de la región.
En la actualidad, esta rivalidad se manifiesta no solo en el ámbito diplomático, sino también en una carrera por atraer inversiones extranjeras y convertirse en el centro logístico dominante de Medio Oriente. La ruptura de este bloque árabe monolítico marca un cambio significativo en la geopolítica mundial, cuyas repercusiones seguirán sintiéndose en los mercados globales de energía y seguridad.

