El conflicto en Ucrania se ha consolidado como la guerra más letal en suelo europeo desde hace ocho décadas, arrojando un controvertido recuento de víctimas que desafía los reportes oficiales. Mientras el Kremlin y el gobierno de Volodímir Zelenski mantienen bajo estricto secreto sus cifras de bajas para no minar la moral de sus tropas y ciudadanos, expertos internacionales y centros de análisis recurren a herramientas tecnológicas de última generación para dimensionar la magnitud de la tragedia.
Lo que diferencia la cobertura actual de conflictos pasados es la capacidad de procesamiento de datos masivos. Hoy, la novedad en este seguimiento informativo radica en el uso de inteligencia artificial aplicada a imágenes satelitales, el rastreo automatizado de obituarios en redes sociales y la monitorización de actividad en cementerios mediante sensores remotos. Estas herramientas han permitido estimar que el número total de bajas, sumando muertos y heridos de ambos bandos, podría acercarse ya a los dos millones de personas, una cifra que pulveriza cualquier proyección inicial y pone en evidencia la opacidad gubernamental.
Para el lector en México, un país familiarizado con la complejidad de las cifras oficiales y la importancia del periodismo de datos para contrastar la realidad, el caso ucraniano resalta cómo la tecnología se ha vuelto el último bastión contra la desinformación de Estado. El uso de algoritmos para identificar cambios en el terreno y cruzar bases de datos digitales está permitiendo que la comunidad internacional entienda el impacto real de la guerra, incluso cuando los frentes de batalla son inaccesibles para los observadores humanos.


