La empresa matriz de la UFC y la WWE, TKO Group Holdings, está dispuesta a asumir una pérdida financiera estimada en 30 millones de dólares con tal de llevar a cabo un evento sin precedentes en las inmediaciones de la Casa Blanca. Mark Shapiro, presidente y director de operaciones de la compañía, calificó la iniciativa como una oportunidad de exposición mediática única en la vida que trasciende los beneficios económicos inmediatos.
En un movimiento que redefine las estrategias de marketing deportivo a nivel global, TKO ha revelado sus planes para participar activamente en las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, que se llevará a cabo en 2026. A pesar de la magnitud de la producción y el prestigio que esto conlleva, la organización ha dejado claro que su prioridad no es el lucro directo, sino el posicionamiento histórico y cultural de su marca más importante: la Ultimate Fighting Championship (UFC).
Mark Shapiro fue contundente respecto a las expectativas financieras del proyecto durante una reciente intervención recogida por Hollywood Reporter. "Quiero ser claro en algo: no obtendremos ganancias del evento en la Casa Blanca de forma independiente. No ganaremos dinero en el 250 aniversario de Estados Unidos", afirmó el ejecutivo. Esta declaración subraya una apuesta por el llamado "earned media" o presencia mediática ganada, donde el valor de la cobertura global y la relevancia institucional superan cualquier cifra en los balances financieros a corto plazo.
Para el público en México, donde las artes marciales mixtas han experimentado un crecimiento explosivo en los últimos años —impulsado por campeones nacionales y una base de aficionados cada vez más sólida—, esta noticia resalta la ambición de la UFC por codearse con las ligas más tradicionales del deporte estadounidense. TKO, el gigante del entretenimiento que gestiona estas franquicias tras la fusión de UFC y WWE, busca elevar el octágono a un nivel protocolario, colocándolo en el corazón simbólico de la política estadounidense.
El sacrificio de 30 millones de dólares se justifica bajo la premisa de que un evento de esta naturaleza es una inversión en imagen de marca. Al renunciar a las utilidades directas, la empresa busca cementar su relación con las instituciones gubernamentales y proyectar una imagen de estabilidad y patriotismo ante sus inversionistas y socios comerciales. En esencia, se trata de una de las campañas de relaciones públicas más costosas y ambiciosas en la historia reciente del deporte profesional.

