La coalición legislativa que sustenta el proyecto de la llamada Cuarta Transformación enfrenta una de sus pruebas más agudas en el Congreso de la Unión. El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha fijado una postura crítica y tajante frente a la propuesta de reforma electoral impulsada por Morena, calificándola de "inviable e incongruente". A través de un posicionamiento que sacude el tablero político nacional, la fuerza política advirtió que su respaldo no debe darse por sentado, subrayando que las alianzas parlamentarias no son cheques en blanco ni vínculos incondicionales.

De acuerdo con los argumentos esgrimidos por el partido, el diseño actual de la reforma parece estar estructurado para beneficiar de manera desproporcionada a las organizaciones políticas que ya cuentan con los mayores recursos económicos y estructuras más robustas. Esta visión choca frontalmente con la narrativa de equidad que el partido en el poder ha intentado proyectar. Para el PVEM, la implementación de las modificaciones propuestas, en los términos actuales, representaría un desequilibrio en la pluralidad democrática del país al favorecer la concentración de recursos en las fuerzas mayoritarias.

El amago del PVEM pone en jaque la estrategia de Morena en el Poder Legislativo. Ante la dificultad de alcanzar una mayoría calificada para una reforma constitucional, el partido oficialista ha planteado un "Plan B" —una ruta de cambios a leyes secundarias que solo requiere mayoría simple—. Sin embargo, el PVEM fue enfático al señalar que, si no existe un consenso que respete la viabilidad de sus aliados, no habrá votos suficientes para sacar adelante esta vía alterna. "Si no apoyan, no hay plan B", es la realidad aritmética que enfrenta el bloque oficialista en San Lázaro.

Analistas coinciden en que esta distancia marcada por el PVEM responde a una defensa de su propia supervivencia política y financiera. Al rechazar la etiqueta de "traición", el partido busca posicionarse como un actor autónomo con capacidad de veto, recordando a sus socios de coalición que la unidad del bloque depende de negociaciones que beneficien a todas las partes integrantes.

Con el proceso electoral de 2024 en el horizonte, la estabilidad de la alianza Morena-PT-PVEM se vuelve vital para los intereses del Ejecutivo Federal. La advertencia es clara: sin una revisión profunda que atienda las preocupaciones sobre el fraccionamiento del voto y el financiamiento, el ambicioso proyecto de reforma electoral podría quedar estancado definitivamente en las comisiones legislativas.