ESTOCOLMO.- En un episodio que subraya la creciente volatilidad en la región del Mar Báltico, las Fuerzas Armadas de Suecia confirmaron la interceptación de un dron sospechoso frente a la costa sur del país. El incidente tuvo lugar en las inmediaciones del estrecho de Öresund, una zona estratégica que separa el territorio sueco de Dinamarca, precisamente mientras el portaaviones francés Charles de Gaulle permanecía atracado en el puerto de Malmö.
De acuerdo con los reportes oficiales, el dispositivo no tripulado fue detectado durante una patrulla de rutina integrada en el sistema de seguridad desplegado para proteger al buque insignia galo, el cual se encuentra en la región realizando actividades programadas como parte de los entrenamientos de la OTAN. Tras la detección, las autoridades militares suecas aplicaron contramedidas tecnológicas no especificadas para interferir la señal del aparato, logrando neutralizar su avance.
Guillaume Vernet, portavoz militar de Francia, detalló que el dron fue localizado a una distancia superior a los 10 kilómetros del grupo naval. Aunque el contacto con el dispositivo se perdió tras la activación de los sistemas de defensa, Vernet enfatizó que la operación del portaaviones no se vio comprometida. «Este sistema demostró su solidez y este incidente no tuvo impacto alguno en la actividad del grupo de combate», declaró el mando francés, buscando enviar un mensaje de calma ante la opinión pública internacional.
Sin embargo, el trasfondo geopolítico del evento es lo que ha generado mayor preocupación en los círculos diplomáticos. El ministro de Defensa de Suecia, Pål Jonson, vinculó directamente la incursión aérea con la presencia simultánea de un buque militar ruso en aguas territoriales suecas. Al ser cuestionado por la prensa sobre el origen del dispositivo, Jonson fue contundente al señalar que el responsable es «probablemente Rusia».
Desde Moscú, la respuesta no se hizo esperar. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, calificó de «absurdas» las acusaciones suecas, argumentando que no se puede culpar a Rusia simplemente por la cercanía geográfica de sus embarcaciones. No obstante, para los analistas internacionales —incluyendo el seguimiento que se da desde México a los conflictos de la OTAN—, este suceso representa una prueba más de la guerra híbrida y de vigilancia que se vive tras la reciente adhesión de Suecia a la alianza atlántica.
Las autoridades de Estocolmo han anunciado que mantendrán una coordinación estrecha con Dinamarca y han reforzado la vigilancia marítima y aérea en el Báltico. Este incidente se suma a una lista creciente de roces militares que mantienen en alerta máxima a las capitales europeas ante cualquier provocación externa.



