La guerra contra el narcotráfico en aguas internacionales ha operado durante años bajo una sombra de opacidad. Recientemente, el testimonio de Jonhatan Obando ha puesto rostro a una de las facetas más agresivas de esta lucha. Obando es uno de los escasos supervivientes bombardeos que el gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, lanzó contra supuestas lanchas rápidas en el mar Caribe. Su historia, narrada por su padre, expone las consecuencias de una política de 'tolerancia cero' que priorizó la fuerza letal sobre las capturas.

¿Qué pasó en el Caribe?

Durante el periodo presidencial de Trump, Washington intensificó sus operativos marítimos, autorizando al menos 41 ataques letales contra embarcaciones sospechosas de transportar droga. En uno de estos episodios, la embarcación en la que viajaba Jonhatan fue alcanzada por proyectiles de alta potencia. A diferencia de la mayoría de los tripulantes de estas 'narcolanchas', que perecieron en el acto o desaparecieron en el océano, Jonhatan sobrevivió, pero con secuelas que lo llevaron a decirle a su progenitor: “Papi, para esto mejor haberse muerto”.

¿Por qué importa esta noticia?
Este caso es crucial porque cuestiona la legalidad del uso de la fuerza en aguas internacionales y la falta de protocolos de rescate. Para México, este contexto es sumamente relevante, ya que el país comparte fronteras marítimas y acuerdos de seguridad con Estados Unidos en la zona del Caribe y el Golfo. La estrategia de 'bombardeos' sin juicio previo representa un precedente peligroso en la cooperación regional de seguridad, donde el debido proceso parece quedar anulado por la sospecha de tráfico de estupefacientes.


