Tras los intensos intercambios bélicos registrados en junio de 2025, la capacidad de defensa de Israel enfrenta una interrogante crítica: ¿cuánto tiempo más podrá sostener su famoso escudo protector ante una nueva amenaza? Los reportes más recientes, analizados por expertos en seguridad, indican que el conflicto con la República Islámica de Irán ha mermado significativamente las reservas de misiles antibalísticos, no solo de las Fuerzas de Defensa de Israel, sino también de los arsenales de respaldo estratégico de Estados Unidos.
Este agotamiento de recursos pone en jaque la estrategia de defensa pasiva que ha caracterizado a la región durante la última década. El sistema conocido como 'Cúpula de Hierro' (Iron Dome) y los interceptores de largo alcance 'Arrow', famosos por su alta efectividad, dependen de una cadena de suministro tecnológica extremadamente compleja. Estos dispositivos no pueden fabricarse ni reponerse al ritmo vertiginoso que exige una guerra de alta intensidad, lo que genera un vacío operativo sumamente peligroso para la seguridad regional.
Para poner en contexto al lector mexicano, estos sistemas de defensa aérea son esenciales para la estabilidad del Estado de Israel, funcionando como un paraguas que detecta y destruye proyectiles en pleno vuelo. Sin embargo, el altísimo costo de cada interceptor y la limitada capacidad de producción global han llevado a las autoridades militares a un punto de inflexión. Si las reservas no se recuperan a tiempo, la doctrina de 'esperar y derribar' dejará de ser una opción viable.
Ante este escenario, la presión sobre los altos mandos israelíes y sus aliados se ha desplazado hacia un enfoque mucho más agresivo. Analistas militares sugieren que, en caso de una nueva escalada, el objetivo primordial ya no será interceptar los proyectiles en el aire, sino destruir las plataformas de lanzamiento y los centros de mando iraníes antes de que los misiles puedan ser disparados. Esta táctica de 'ataque preventivo' busca compensar la falta de defensas aéreas eliminando la amenaza directamente en su origen.
Este cambio de postura eleva las alarmas en el ámbito diplomático internacional. Una estrategia basada en ofensivas preventivas suele ser interpretada como una escalada de agresión, lo que incrementa las posibilidades de un conflicto regional total con consecuencias globales. Mientras tanto, la dependencia de Israel hacia el apoyo logístico de Estados Unidos es más crítica que nunca, en un momento donde la administración estadounidense también debe equilibrar sus propios inventarios de seguridad nacional frente a otras tensiones en el panorama mundial.


