La situación de la feminista marroquí Ibtissam “Betty” Lachgar, líder del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales (MALI), ha encendido las alarmas de organismos internacionales de derechos humanos. Lachgar, quien se encuentra cumpliendo una condena tras una protesta donde portó el lema “Alá es lesbiana”, enfrenta hoy un deterioro irreversible en su estado de salud debido a un diagnóstico de cáncer que no ha recibido la atención necesaria dentro del sistema penitenciario de su país.

Según informes recientes compartidos por su círculo cercano y familiares, la activista permanece en un régimen de aislamiento estricto, lo cual ha dificultado drásticamente su acceso a tratamientos oncológicos especializados. Lo que hoy trasciende y genera mayor consternación es el riesgo inminente de una amputación, consecuencia directa de la progresión de su enfermedad bajo condiciones de encierro precarias y la presunta falta de seguimiento quirúrgico.

A diferencia de los reportes iniciales sobre su detención por motivos ideológicos, la novedad de este seguimiento periodístico radica en la gravedad extrema de su cuadro clínico actual. Sin embargo, falta por confirmar un parte médico oficial emitido por las autoridades penitenciarias de Marruecos, quienes han mantenido un hermetismo total sobre el caso. Asimismo, organizaciones civiles esperan la validación de observadores independientes para constatar si las condiciones de su celda cumplen con los estándares mínimos de humanidad.

Para la opinión pública en México, este caso resuena con las luchas por la libertad de expresión y los derechos de la comunidad LGBTQ+ que, aunque con contextos distintos, también enfrentan desafíos de discriminación y violencia institucional. La presión internacional se perfila actualmente como la única vía para garantizar que la feminista marroquí reciba una licencia médica humanitaria o, al menos, el traslado a un centro hospitalario que evite un desenlace fatal o una discapacidad permanente.

La comunidad internacional se mantiene vigilante ante lo que activistas califican como una violación sistemática a los derechos fundamentales de una mujer cuyo activismo buscaba desafiar los dogmas religiosos y sociales en el norte de África. La urgencia es clara: sin intervención médica inmediata, el estado de Lachgar podría ser irreversible.