CIUDAD DE MÉXICO. – En un entorno marcado por la incertidumbre económica y señales de desaceleración en el consumo interno, el sector popular en México ha demostrado una capacidad de resistencia superior a la esperada por los analistas. De acuerdo con Enrique Majós, director general de Gentera —el grupo controlador de Compartamos Banco—, el dinamismo en el otorgamiento de créditos a la base de la pirámide poblacional se mantiene sólido, alejando los temores de una posible crisis de impago en este segmento estratégico para la economía nacional.

A pesar de que diversos indicadores macroeconómicos sugieren un estancamiento en el poder adquisitivo y en el consumo general de las familias mexicanas, los pequeños emprendedores y comerciantes que conforman el sector popular continúan viendo en el financiamiento una herramienta indispensable. Según Majós, la demanda no ha cedido, pues los clientes siguen solicitando recursos para fortalecer sus negocios, lo que refleja una búsqueda de autosuficiencia frente a la volatilidad de los mercados.

El directivo destacó que, si bien la economía mexicana atraviesa por un periodo de ajuste y menor crecimiento, los clientes de las microfinanzas mantienen un comportamiento de pago saludable. "El sector popular ha resistido la desaceleración económica y mantiene un buen dinamismo", afirmó Majós, enfatizando que la necesidad de capital de trabajo para micro y pequeñas empresas sigue siendo el motor principal de las colocaciones crediticias en el país.

En el contexto mexicano, donde una parte significativa de la fuerza laboral se desempeña en la economía informal o lidera emprendimientos familiares, el acceso al crédito se convierte en un termómetro de la salud social. Para instituciones como Compartamos Banco, la estabilidad de este sector es una señal positiva, ya que estos estratos socioeconómicos suelen ser los más vulnerables ante las fluctuaciones de las tasas de interés y la inflación.

Especialistas del sector financiero coinciden en que la disciplina mostrada por los acreditados de menores ingresos se debe, en gran medida, a que el crédito para ellos no es un lujo, sino una necesidad operativa. Al estar destinado mayoritariamente a actividades productivas y no exclusivamente al consumo suntuario, el riesgo de morosidad se mitiga, permitiendo que la cartera vencida se mantenga en niveles manejables para las instituciones financieras especializadas.

Finalmente, el balance presentado por Gentera arroja un mensaje de optimismo para el cierre del ciclo económico. Mientras la demanda de crédito productivo permanezca activa y los mecanismos de cobro sigan siendo eficientes, el sector popular continuará funcionando como un amortiguador relevante frente a los desafíos económicos, consolidando la inclusión financiera como una pieza clave para la estabilidad del mercado interno en México.