El sistema penitenciario del Reino Unido se encuentra nuevamente en el centro de la polémica tras confirmarse que Ian Huntley, uno de los criminales más notorios de la nación, fue víctima de un violento ataque dentro de su propia celda. De acuerdo con los primeros reportes difundidos por medios británicos, el doble homicida se encuentra actualmente bajo cuidados médicos intensivos, tras haber sido emboscado por otros internos en el ala de la prisión donde cumple su condena.
El incidente ha sido descrito como una emboscada planeada que dejó a Huntley con heridas de extrema gravedad, al punto de que las autoridades penitenciarias informan que el recluso está 'luchando por su vida'. Aunque los detalles específicos sobre la identidad de los agresores o el tipo de objetos utilizados en el asalto se mantienen bajo reserva por la investigación en curso, la naturaleza del ataque pone de manifiesto la vulnerabilidad de los reclusos de alto perfil en centros de máxima seguridad.
Para poner en contexto a la audiencia en México, el nombre de Ian Huntley está ligado a los llamados 'Asesinatos de Soham', uno de los casos criminales más desgarradores en la historia reciente de Inglaterra. En el año 2002, Huntley, quien se desempeñaba como conserje en una escuela secundaria en la localidad de Soham, Cambridgeshire, secuestró y asesinó a Holly Wells y Jessica Chapman, ambas de tan solo 10 años de edad.
El caso generó una indignación masiva no solo por la edad de las víctimas, sino por la frialdad de Huntley, quien durante los días de la búsqueda fingió colaborar con las autoridades e incluso apareció en entrevistas de televisión pidiendo el regreso de las niñas. Tras el hallazgo de los cuerpos en una zona boscosa y una serie de pruebas forenses contundentes, Huntley fue sentenciado en 2003 a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Este nuevo atentado contra su integridad no es el primero que Huntley enfrenta durante su reclusión. Debido a la naturaleza de sus crímenes, considerados imperdonables dentro del código no escrito de las prisiones, ha sido blanco constante de ataques con armas punzocortantes y líquidos hirvientes. No obstante, este último incidente parece ser el más severo hasta la fecha, dejando el destino del feminicida en una situación de incertidumbre absoluta mientras los servicios médicos intentan estabilizarlo.



