El Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido ha tomado la decisión de retirar de manera temporal a su cuerpo diplomático destacado en la República Islámica de Irán. Esta medida de presión diplomática surge como respuesta directa a la ejecución de Alireza Akbari, un exfuncionario de defensa iraní que contaba con la doble nacionalidad británico-iraní, y que fue acusado por el gobierno de Teherán de espionaje en favor de los servicios de inteligencia del MI6.

El Secretario de Estado para Relaciones Exteriores del Reino Unido, James Cleverly, calificó el acto como una muestra de barbarie y un desprecio absoluto por la vida humana por parte del régimen iraní. La retirada del personal, que incluye el llamado a consultas de su embajador, representa uno de los gestos de reprobación más severos dentro del lenguaje diplomático internacional, situándose justo antes de una ruptura total de los vínculos bilaterales.

Desde Londres, se ha enfatizado que este movimiento no implica un cierre definitivo de su misión diplomática, sino una fase de evaluación estratégica ante lo que consideran un uso político de ciudadanos con doble nacionalidad. El caso de Akbari ha tensado al máximo las relaciones, que ya se encontraban en un punto crítico debido al estancamiento de las negociaciones sobre el pacto nuclear y la represión interna contra manifestantes en diversas ciudades iraníes.

Para México, esta escalada en el Medio Oriente es seguida con atención por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Aunque la política exterior mexicana se rige tradicionalmente por la Doctrina Estrada y la no intervención, la inestabilidad en una región clave para la producción de hidrocarburos suele tener repercusiones en la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, un factor que afecta directamente a la economía mexicana y a los ingresos de la federación.

Expertos en política internacional señalan que la decisión británica podría generar un efecto dominó entre otros aliados europeos, quienes también han expresado su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en Irán. Por ahora, el Reino Unido ha dejado claro que mantendrá las sanciones económicas y diplomáticas contra funcionarios iraníes responsables de la represión, mientras el canal de comunicación directa en Teherán permanece reducido a su mínima expresión.