Cuernavaca impulsa el Programa de Canje de Armas de Fuego 2026 desde este jueves y hasta el próximo 16 de marzo, operando en un horario de 9:00 a 14:00 horas en la explanada del Palacio de Cortés y diversas sedes itinerantes. La iniciativa, encabezada por el presidente municipal José Luis Urióstegui Salgado, permite a los ciudadanos entregar armamento, cartuchos y explosivos de manera estrictamente anónima a cambio de remuneraciones económicas inmediatas, utilizando un fondo especial de 200 mil pesos aprobado por el Cabildo para este fin preventivo.

El despliegue operativo no se limita exclusivamente al desarme civil, sino que se integra en una visión sistémica de renovación de los cuerpos de seguridad locales. De acuerdo con fuentes municipales, se han abierto simultáneamente dos convocatorias para fortalecer la Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano (SEPRAC): una dirigida a ciudadanos sin formación previa y otra para exelementos con expediente limpio. Este esfuerzo busca profesionalizar la vigilancia en la capital morelense bajo un esquema de transparencia y coordinación directa con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del estado.

Para el lector en México, esta estrategia resulta fundamental ante el contexto de violencia que atraviesa el país, posicionándose como un modelo que ya ha mostrado resultados en otras capitales de Latinoamérica donde el desarme civil precede a la reactivación económica y turística. Según analistas del sector, la reciente disminución de cuatro puntos en la percepción de inseguridad en Cuernavaca, reportada por el INEGI, valida la necesidad de mantener políticas de proximidad social y colaboración entre los tres órdenes de gobierno para estabilizar el tejido social en Morelos.

Las autoridades han enfatizado que la entrega de los artefactos no conlleva investigaciones judiciales ni cuestionamientos sobre el origen del equipo bélico, garantizando total impunidad administrativa para quienes decidan limpiar sus hogares de riesgos potenciales. Además del canje de armamento real, el programa contempla el intercambio de juguetes bélicos por opciones recreativas y educativas, una medida simbólica orientada a desarticular la cultura de la violencia desde las infancias, mientras la Mesa de Coordinación para la Construcción de Paz y Seguridad supervisa la destrucción inmediata del material recibido.