La región del norte de África, consolidada como uno de los destinos predilectos para quienes buscan refugio del frío invierno europeo, atraviesa una alarmante crisis ambiental que ha comenzado a opacar su atractivo turístico. Según reportes recientes publicados por el diario británico Daily Mail, el sector turístico de la zona celebró un hito histórico en 2025 al recibir a más de 450,000 visitantes provenientes del Reino Unido. No obstante, este éxito económico se ha visto ensombrecido por una realidad devastadora: la proliferación de residuos sólidos en sus playas.
Un turista que visitó el litoral la semana pasada compartió imágenes impactantes que muestran la magnitud del problema. Lo que debían ser arenas blancas y aguas cristalinas, se encuentran hoy cubiertas por una densa capa de plásticos, botellas, empaques y diversos desechos que el sistema de gestión local parece incapaz de procesar. El visitante, quien acudió a este destino atraído por las promesas de sol y relajación, manifestó su consternación ante el contraste entre la publicidad oficial y el estado real de la costa.
Para el lector en México, esta situación guarda paralelismos directos con los desafíos que enfrentan destinos nacionales como Cancún, la Riviera Maya o las costas de Acapulco. Al igual que en los principales balnearios mexicanos, el crecimiento exponencial de visitantes extranjeros —en este caso, impulsado por el mercado británico— suele superar la capacidad de la infraestructura de limpieza pública y los esfuerzos de conservación locales. El Daily Mail es uno de los medios más influyentes del Reino Unido, y la difusión de estas imágenes representa un duro golpe a la reputación internacional de los países norafricanos, que dependen en gran medida de la industria de la hospitalidad.
El problema no se limita únicamente a la estética del paisaje. Expertos en ecología advierten que la acumulación de microplásticos y desechos de gran tamaño representa una amenaza letal para la biodiversidad marina de la zona. Mientras el país norafricano celebra un año récord en ingresos por divisas, la presión de la opinión pública internacional y de los propios turistas sugiere que, sin una inversión inmediata en sostenibilidad y manejo de residuos, el paraíso que atrajo a casi medio millón de británicos podría perderse definitivamente bajo una montaña de basura.



