La familia real británica se enfrenta a lo que expertos califican como una nueva y devastadora pesadilla mediática y legal. En las últimas horas, víctimas de la red de tráfico sexual encabezada por el fallecido financiero Jeffrey Epstein han hecho un llamado urgente a la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) para que reabra formalmente las indagatorias sobre los vínculos del príncipe Andrés con el caso.

Esta petición de las víctimas surge a raíz de informes recientes que señalan que el antiguo príncipe debería ser interrogado por las autoridades de los Estados Unidos, especialmente tras los reportes sobre su situación jurídica en el Reino Unido. Las sobrevivientes insisten en que el duque de York posee información clave que ha evadido compartir con los investigadores estadounidenses durante años, y que el momento de rendir cuentas ha llegado.

Para el lector en México, es pertinente recordar que el príncipe Andrés es el hermano menor del actual rey Carlos III y fue durante mucho tiempo uno de los miembros más activos de la monarquía. Sin embargo, su relación cercana con Jeffrey Epstein —un magnate neoyorquino que dirigía una red de explotación sexual de menores— provocó su estrepitosa caída. En 2022, el Palacio de Buckingham le retiró sus títulos militares y patrocinios reales tras una demanda civil por abuso sexual en Nueva York, la cual terminó en un acuerdo financiero millonario fuera de los tribunales.

La posibilidad de que el FBI retome el caso y busque un interrogatorio formal representa un desafío diplomático sin precedentes entre Londres y Washington. Mientras el Reino Unido intenta consolidar la imagen de una monarquía moderna bajo el reinado de Carlos III, los fantasmas del pasado del príncipe Andrés continúan obstaculizando el camino. Analistas sugieren que, de proceder esta petición, se intensificaría la presión para que el duque sea extraditado o, al menos, forzado a testificar bajo juramento.

Por el momento, ni el Palacio de Buckingham ni los representantes legales del duque han emitido una declaración oficial sobre estas exigencias. No obstante, la atención internacional se mantiene fija en el desarrollo de este caso, que sigue siendo una de las manchas más profundas en la reputación de la Casa de Windsor en el siglo XXI.