En un esfuerzo por posicionar al país como un centro de producción relevante en América Latina, el gobierno de México impulsa estímulos fiscales destinados a la industria cinematográfica. No obstante, la comunidad de productores y analistas económicos ha manifestado su preocupación, señalando que estas medidas podrían quedar rezagadas ante la agresiva competencia de otros mercados que ofrecen el modelo de 'cash rebate' o reembolsos directos en efectivo.

Lo que se conoce hasta el día de hoy es que el sector audiovisual ha recibido con optimismo la continuidad y el refuerzo de los apoyos fiscales, como el Eficine. Sin embargo, el análisis más reciente de especialistas sugiere que los límites presupuestales impuestos y la compleja estructura burocrática para acceder a los beneficios reducen significativamente el poder de atracción de proyectos de gran escala, especialmente los provenientes de estudios internacionales que buscan optimizar costos operativos.

A diferencia de países como Colombia, España o República Dominicana, donde el Estado devuelve un porcentaje directo de la inversión realizada en el país, el modelo mexicano se basa primordialmente en el acreditamiento contra el Impuesto Sobre la Renta (ISR). Esta diferencia técnica es crucial: mientras que el 'cash rebate' inyecta liquidez inmediata a las productoras, el estímulo fiscal mexicano depende de la existencia de un contribuyente aportante, lo que añade una capa de gestión que muchos proyectos globales prefieren evitar.

Falta por confirmar si la administración federal realizará ajustes en las Reglas de Operación para el próximo ciclo fiscal o si se considerará la creación de un fondo de reembolso directo que complemente los incentivos existentes. La industria también permanece a la espera de un desglose detallado sobre los techos máximos de asignación, un dato vital para la planeación de producciones que requieren años de preproducción.

Para el ecosistema económico mexicano, la cinematografía no es solo un tema cultural, sino un motor de servicios que genera empleos en hotelería, transporte y tecnología. La falta de competitividad en los estímulos no solo afecta a los cineastas locales, sino que representa una fuga de divisas potencial hacia mercados que han sabido modernizar su oferta de incentivos para capturar las grandes inversiones del streaming y el cine global.