NUEVA YORK – En un movimiento diplomático sin precedentes, la Casa Blanca confirmó que Melania Trump presidirá una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) el próximo 2 de marzo. Este evento marca un hito histórico para la diplomacia estadounidense, al ser la primera vez que una primera dama en funciones encabeza una reunión del máximo organismo encargado de velar por la paz y la seguridad internacional.

La sesión, titulada "Niños, tecnología y educación en situaciones de conflicto", se llevará a cabo en el marco del inicio de la presidencia rotativa de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad. De acuerdo con el comunicado oficial de Washington, la intervención de la señora Trump se centrará en analizar el papel crucial que desempeña la educación formal y el acceso a herramientas tecnológicas para fomentar la tolerancia y la paz en regiones devastadas por la guerra.

En el encuentro participarán figuras clave como el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, además de representantes de los países miembros del Consejo y diversos delegados internacionales. Este nuevo rol representa un giro significativo en la proyección pública de Melania Trump, quien durante el primer mandato de su esposo, Donald Trump, mantuvo un perfil discreto y alejado de los reflectores geopolíticos.

Desde el inicio del segundo periodo presidencial del líder republicano, la figura de la primera dama ha cobrado una relevancia estratégica. Recientemente, ha fungido como mediadora en esfuerzos humanitarios complejos, como la liberación de menores afectados por la invasión rusa en territorio ucraniano. Además, ha consolidado su imagen pública con el lanzamiento de un libro de memorias y un documental biográfico producido por Amazon Studios, donde detalla su trayectoria desde su infancia en Eslovenia hasta los desafíos de la vida en la Casa Blanca.

Para México y el resto de la región latinoamericana, esta incursión diplomática de alto nivel ocurre en un momento de tensiones crecientes. La administración de Trump continúa aplicando políticas de presión económica, como el bloqueo petrolero a Cuba y la supervisión constante de la crisis política en Venezuela. En este contexto, la presencia de la primera dama en el Consejo de Seguridad podría interpretarse como un intento por equilibrar la narrativa exterior de Estados Unidos, priorizando una agenda humanitaria en los foros multilaterales.