El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una severa advertencia sobre la crisis de seguridad que atraviesa el continente, calificando formalmente a las organizaciones criminales trasnacionales como “la amenaza más apremiante de la región”. Durante su intervención, el alto funcionario estadounidense subrayó que el poder de fuego y la capacidad de movilización de estos grupos han alcanzado niveles que ponen en riesgo la estabilidad institucional de diversas naciones, con especial énfasis en el territorio mexicano.

Como prueba fehaciente de este diagnóstico, Rubio citó los recientes episodios de violencia extrema registrados en México. Estos hechos se desencadenaron tras un operativo de las fuerzas federales mexicanas en el que se confirmó la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como “El Mencho”, quien fuera el líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Según la visión del Departamento de Estado, la virulenta respuesta de las células delictivas ante la caída de su cabecilla es un síntoma claro de la autonomía y fuerza que han adquirido.

Un punto crítico en las declaraciones del funcionario fue el reconocimiento del papel que juega el armamento proveniente de Estados Unidos en este conflicto. El titular del organismo señaló que el flujo de armas estadounidenses hacia el sur ha dotado a los cárteles de una capacidad de combate equiparable, en ocasiones, a la de las fuerzas del orden. Esta situación ha permitido que las organizaciones delictivas no solo mantengan el control de rutas de tráfico, sino que ejerzan un dominio territorial que desafía directamente al Estado mexicano.

Para los lectores en México, este pronunciamiento resuena en un contexto de alta sensibilidad política y social. La muerte de una figura de la relevancia de Oseguera Cervantes representa un golpe estratégico, pero también abre un periodo de incertidumbre y reacomodo violento dentro de las estructuras criminales. Rubio enfatizó que, sin una estrategia coordinada que detenga el fortalecimiento bélico de estas organizaciones, la seguridad regional seguirá bajo una amenaza constante.

Finalmente, el Secretario Rubio instó a profundizar la cooperación binacional para enfrentar lo que considera el desafío de seguridad más grande de la década. La administración estadounidense parece endurecer su postura, sugiriendo que la lucha contra el crimen organizado debe ser la prioridad absoluta en la agenda compartida entre México y Washington, centrando los esfuerzos en desmantelar no solo la capacidad operativa de los cárteles, sino también sus fuentes de armamento y financiamiento.