El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, lanzó duras críticas contra los gobiernos europeos que respaldan a Kiev, asegurando que existe una creciente frustración en las capitales de Occidente ante la resiliencia de Moscú en el campo de batalla. Según el diplomático ruso, la intensificación de la retórica nuclear en el discurso público internacional es un reflejo directo de la desesperación de las potencias aliadas de Ucrania por no haber logrado los objetivos estratégicos previstos tras años de conflicto.

Durante sus declaraciones, Lavrov ironizó sobre los constantes reportes y discursos provenientes de Europa que afirman que Ucrania está ganando la guerra. Para el funcionario, estas afirmaciones carecen de sustento en el terreno y representan un intento mediático de "hacer pasar lo deseado por realidad". El canciller subrayó con sarcasmo que a los líderes occidentales "les fastidia que Rusia no pierda", sugiriendo que la narrativa de una inminente derrota rusa se está desmoronando ante los hechos actuales.

Este aumento en las tensiones y el manejo de temas nucleares no solo preocupa a los países involucrados de manera directa, sino que resuena con fuerza en la comunidad internacional. Para México, un país que históricamente ha abanderado la causa del desarme nuclear a través del legado del Tratado de Tlatelolco, la escalada en este tipo de discursos representa una señal de alerta máxima. La diplomacia mexicana ha mantenido una postura de neutralidad y un llamado constante al diálogo, consciente de que una conflagración de esta magnitud tendría consecuencias devastadoras para la estabilidad global, afectando los precios de los energéticos y las cadenas de suministro que impactan directamente en el bolsillo de los ciudadanos mexicanos.

Lavrov concluyó que el apoyo militar de la OTAN y la Unión Europea no ha logrado cambiar el rumbo de lo que Moscú denomina su "operación militar especial". Por el contrario, señaló que la insistencia en prolongar el enfrentamiento mediante el suministro de armamento de largo alcance solo incrementa el riesgo de un choque directo entre potencias atómicas, una posibilidad que, según el canciller, Occidente parece estar alimentando debido a su incapacidad de aceptar un nuevo equilibrio de poder.