Pyongyang, Corea del Norte – En un mensaje que ha encendido las alarmas en la comunidad internacional, el mandatario norcoreano Kim Jong-un ha formalizado una ruptura diplomática con el pasado al calificar a Corea del Sur como una “entidad hostil”. Esta declaración no solo sepulta décadas de retórica enfocada en una posible reunificación pacífica, sino que establece un nuevo y peligroso paradigma en la geopolítica de Asia Oriental.

Durante una de sus más recientes intervenciones ante la cúpula del Partido del Trabajo de Corea, el líder norcoreano fue enfático al señalar que las relaciones intercoreanas ya no deben entenderse como un asunto entre compatriotas, sino como una confrontación directa entre dos Estados en conflicto. Al etiquetar al Sur como el “enemigo principal”, Kim Jong-un justifica una postura militar más agresiva y el fortalecimiento de sus defensas fronterizas, elevando la tensión a niveles no vistos en años.

En cuanto a la relación con los Estados Unidos, el régimen norcoreano ha puesto condiciones estrictas para cualquier posibilidad de diálogo futuro. Pyongyang sostiene que no habrá acercamientos diplomáticos mientras Washington no abandone lo que califica como una “política hostil” y cese sus ejercicios militares conjuntos en la región. Con esta postura, el mandatario deja claro que el desarme nuclear no está sobre la mesa, reafirmando que el desarrollo de su fuerza atómica es una “línea estratégica” fundamental para la supervivencia de su nación.

Este endurecimiento en el discurso norcoreano ocurre en un momento de gran fragilidad global. El desarrollo nuclear, lejos de ser una moneda de cambio, se presenta ahora como un pilar inamovible de la soberanía de Corea del Norte. Expertos señalan que esta estrategia busca consolidar el poder interno de Kim y presionar a la comunidad internacional para que acepte a su país como una potencia nuclear de facto.

Para México, un país que históricamente ha impulsado la desnuclearización a través de instrumentos como el Tratado de Tlatelolco, este incremento en la retórica armamentista representa una preocupación significativa. La inestabilidad en la península de Corea no solo afecta la seguridad mundial, sino que tiene repercusiones directas en las rutas comerciales del Pacífico y en la estabilidad económica de socios estratégicos en la región asiática. La Secretaría de Relaciones Exteriores ha mantenido tradicionalmente un llamado al diálogo y a la resolución pacífica de controversias, una postura que hoy parece más lejana que nunca ante la determinación de Pyongyang.