La política británica atraviesa un momento de alta tensión tras las declaraciones de Kemi Badenoch, la recién nombrada líder del Partido Conservador (Tories). Badenoch ha señalado directamente al gobierno del primer ministro Keir Starmer por lo que describe como una estrategia fallida de labour grievance (política de agravios laborista), la cual habría tenido repercusiones directas en la reciente y controvertida elección especial de Gorton y Denton.

De acuerdo con la líder de la oposición, el laborismo ha cometido el error de "alimentar a un monstruo" al buscar deliberadamente el voto de bloques específicos, particularmente de la comunidad musulmana, a través de una narrativa de victimización y división. Para Badenoch, esta labour grievance no solo debilita la cohesión social en el Reino Unido, sino que ahora se ha vuelto en contra del propio partido oficialista, creando expectativas y demandas que el gobierno de Starmer no puede satisfacer plenamente.

¿Por qué importa este conflicto? Para el lector en México y el mundo, este caso es un ejemplo claro de cómo la política de identidad puede transformar los resultados electorales en democracias occidentales. Badenoch argumenta que, al priorizar los intereses de grupos segmentados en lugar de una agenda nacional unificada, el laborismo ha permitido que sectores del electorado se sientan con el poder de condicionar su apoyo basándose en agravios históricos o internacionales, como el conflicto en Gaza, que influyó notablemente en las preferencias de voto en distritos como Gorton.

¿Qué sigue para el Reino Unido? El desafío para Keir Starmer será doble. Por un lado, debe demostrar que su gobierno puede gobernar para todos los ciudadanos sin depender de la labour grievance que Badenoch denuncia. Por otro lado, la líder conservadora planea utilizar estos resultados como evidencia de que el laborismo está perdiendo el control sobre sus bases tradicionales, posicionando a los Tories como la alternativa de unidad nacional.

Analistas sugieren que lo ocurrido en Gorton y Denton es apenas el inicio de una reconfiguración del mapa político británico, donde los partidos tradicionales deberán decidir si continúan apelando a bloques comunitarios específicos o si retoman un discurso de integración general. Mientras tanto, la acusación de Badenoch deja claro que la oposición no dará tregua en señalar las fisuras internas del proyecto de Starmer.