Un proceso judicial sin precedentes ha captado la atención de la industria tecnológica y de los defensores de los derechos de la infancia a nivel mundial. En el estrado de un tribunal estadounidense, una joven identificada bajo las iniciales K.G.M. ofreció un testimonio que coloca a Meta, la empresa matriz de plataformas como Facebook, Instagram y WhatsApp, en una posición legal sumamente comprometida. El caso es considerado un juicio de tipo «bellwether» o referente, lo que significa que su desenlace marcará el camino para cientos de demandas similares acumuladas contra el gigante tecnológico.

Durante su declaración, K.G.M. relató cómo su interacción con las redes sociales y el impacto negativo de las mismas comenzaron a una edad alarmantemente temprana: apenas a los seis años. Según el testimonio presentado ante el tribunal, lo que inició como una actividad digital aparentemente inofensiva escaló rápidamente hasta convertirse en una adicción tecnológica profunda que afectó su desarrollo emocional y psicológico durante sus años formativos. La demandante sostiene que las plataformas de Meta fueron diseñadas de forma deliberada para maximizar el tiempo de permanencia mediante algoritmos adictivos, sin considerar los riesgos para los usuarios menores de edad.

Este juicio es el primero en su tipo en llegar a esta etapa de testimonios públicos y sirve como un termómetro para medir la responsabilidad corporativa de las grandes empresas tecnológicas (Big Tech). Para los lectores en México, este caso es de suma relevancia, dado que Instagram y Facebook son de las redes sociales más utilizadas en el país, incluso por menores que, a menudo, logran evadir los filtros de edad mínima. El testimonio de K.G.M. subraya la creciente preocupación global sobre cómo estas herramientas digitales moldean la salud mental de las nuevas generaciones.

Por su parte, la defensa de Meta, liderada por Mark Zuckerberg, ha mantenido históricamente que la empresa ofrece herramientas de supervisión parental y que trabaja constantemente en mejorar la seguridad de sus productos. Sin embargo, la parte acusadora argumenta que la compañía tenía conocimiento interno de los daños que sus aplicaciones causaban en la autoestima y el comportamiento de los niños, y que decidió priorizar el crecimiento de la plataforma por encima del bienestar de sus usuarios más vulnerables.

El desenlace de este litigio histórico podría obligar a las empresas de redes sociales a rediseñar sus interfaces y a implementar controles mucho más estrictos a nivel global. Mientras el juicio avanza, el testimonio de K.G.M. resuena como una advertencia sobre la exposición temprana a entornos digitales diseñados para capturar la atención a cualquier costo.