La justicia de Francia ha intensificado las investigaciones en torno al fallecido magnate egipcio Mohamed Al Fayed, expropietario de los almacenes Harrods y del hotel Le Ritz en París, por su presunta implicación en una sofisticada red de trata de personas y abusos sexuales sistemáticos. De acuerdo con las abogadas de las víctimas, el esquema operativo del empresario guarda escalofriantes similitudes con el del delincuente sexual estadounidense Jeffrey Epstein.
A pesar de que Al Fayed falleció en 2023 a los 94 años sin haber enfrentado cargos criminales en vida, el proceso judicial en París ha cobrado un impulso significativo que, según las denunciantes, supera la velocidad de las investigaciones en Londres. Recientemente, diversas mujeres han sido interrogadas por las autoridades francesas para esclarecer el alcance de esta red que habría operado durante décadas bajo la fachada del éxito empresarial y el lujo.
Entre los testimonios clave figura el de Kristina Svensson, quien se desempeñó como asistente personal de Al Fayed en el prestigioso hotel Le Ritz entre 1998 y 2000. En declaraciones a la agencia AFP, Svensson describió un entorno de hostigamiento constante, afirmando que el empresario la agredía cada vez que tenía oportunidad. Este testimonio refuerza la tesis de que las propiedades del magnate servían como centros operativos para la comisión de delitos.
El alcance de la investigación también incluye la Costa Azul. Rachael Louw, otra de las víctimas, relató haber sido enviada a los 23 años al yate de Salah Fayed, hermano de Mohamed, donde también se habrían cometido abusos. Louw compareció ante la oficina francesa especializada en la represión de la trata de seres humanos, aportando datos sobre la posible ramificación familiar y logística de la organización.
Esta ofensiva judicial en territorio francés surge tras las críticas a la policía de Londres, que a finales de 2024 admitió haber recibido denuncias de al menos 90 mujeres por agresiones sexuales y violaciones ocurridas entre 1977 y 2014. Las víctimas sostienen que la justicia parisina ofrece mejores garantías para desmantelar la red de complicidades que protegió al magnate durante más de 35 años. Para la opinión pública internacional, el caso desmorona la imagen del hombre que alguna vez fue suegro de la princesa Diana, revelando un oscuro legado de explotación que apenas comienza a ser juzgado.
