La política británica Hannah Spencer, quien recientemente obtuvo una victoria electoral bajo la bandera del Partido Verde en el Reino Unido, se encuentra en el centro de una intensa controversia tras revelarse detalles sobre su patrimonio personal. A pesar de haber pronunciado un discurso de victoria cargado de críticas hacia las élites económicas y de adoptar una postura ambientalista radical, Spencer es copropietaria de bienes inmuebles valorados en más de un millón de libras esterlinas, lo que equivale a más de 23 millones de pesos mexicanos.
Spencer, quien ganó una elección parcial —comicios especiales que se realizan para cubrir una vacante legislativa—, centró su campaña en la justicia social y la urgencia de combatir la crisis climática. Sin embargo, informes recientes señalan que la ahora funcionaria no solo posee dos propiedades de alto valor, sino que en el pasado ha ofrecido consejos públicos sobre cómo maximizar las ganancias en transacciones inmobiliarias. Esta actividad ha sido calificada por sus detractores como una contradicción flagrante frente a su retórica contra la especulación y la acumulación de riqueza.
Además de su patrimonio inmobiliario, el escrutinio público ha recaído sobre sus hábitos de transporte y recreación. Mientras el Partido Verde británico promueve activamente la reducción de las emisiones de carbono y critica el uso excesivo de vuelos comerciales, Spencer ha sido señalada por disfrutar de vacaciones en diversos destinos internacionales, un estilo de vida que requiere una huella de carbono considerable y que choca con las políticas de austeridad ecológica que su partido exige a la ciudadanía.
Para el lector en México, es fundamental contextualizar que el Partido Verde de Inglaterra y Gales (Green Party) se distingue significativamente del Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Mientras que el partido mexicano es conocido por sus alianzas estratégicas, la organización británica se posiciona como una fuerza de izquierda progresista con un enfoque estricto en el activismo ambientalista. No obstante, este escándalo resuena con la política global, donde la coherencia entre el discurso de justicia social y la realidad financiera de los servidores públicos es un tema de constante debate.
Hasta el momento, Spencer ha evitado profundizar en los señalamientos sobre sus propiedades, limitándose a defender su trayectoria política. El caso continúa alimentando el debate en el Reino Unido sobre si los líderes de movimientos ambientalistas deben adherirse estrictamente a los estándares de vida que proponen para la población general.



