La relación comercial entre Colombia y Ecuador atraviesa uno de sus momentos más críticos en años recientes. El gobierno colombiano ha comenzado a perfilar lo que analistas internacionales describen como un "nuevo golpe" en la disputa arancelaria que mantiene con su vecino del sur. Esta medida surge como una estrategia de presión para contrarrestar las políticas económicas implementadas por Quito que, según los sectores productivos de Bogotá, han afectado severamente la competitividad de los productos colombianos en la región.
El conflicto se ha intensificado tras meses de fricciones debido a la aplicación de salvaguardias y restricciones por parte de Ecuador, lo que ha generado una reacción en cadena en el Palacio de Nariño. Colombia, en un intento por blindar su industria nacional —especialmente en los sectores textil, agrícola y de manufactura pesada—, alista un paquete de gravámenes que dificultará el ingreso de mercancías ecuatorianas a su territorio nacional. Este intercambio de sanciones pone en jaque los acuerdos de libre comercio establecidos históricamente bajo el marco de la Comunidad Andina (CAN).
Para los observadores en México, esta situación resulta de particular interés. Mientras que la economía mexicana se rige bajo la estabilidad del T-MEC, las fricciones comerciales en el Cono Norte de Sudamérica sirven como un recordatorio de la fragilidad de los bloques económicos cuando las políticas internas de protección chocan con los compromisos internacionales. Una desestabilización en el mercado andino podría alterar los flujos de inversión que las empresas mexicanas mantienen en ambos países, particularmente en los sectores de telecomunicaciones y consumo masivo.
Expertos en comercio exterior señalan que esta escalada no solo encarecerá los productos para los consumidores finales en ambas naciones, sino que también podría desincentivar la inversión extranjera directa en la zona andina. La falta de un consenso diplomático efectivo ha provocado que los mecanismos tradicionales de resolución de controversias se vean superados por la urgencia de los gobiernos por proteger sus mercados locales ante la volatilidad económica global.
En los próximos días, se espera que el Ministerio de Comercio de Colombia oficialice los porcentajes y las categorías de productos que se verán afectadas por estas nuevas disposiciones. Por su parte, el sector empresarial ecuatoriano ya ha manifestado su preocupación, advirtiendo que una respuesta recíproca de su gobierno solo profundizaría una crisis que ya afecta el empleo y la producción de ambos países.



