Imaginen la tensión en el estadio cuando un tiro de esquina mal marcado define un partido en el último minuto. Esa sensación de injusticia es precisamente lo que la FIFA busca erradicar al confirmar que el videoarbitraje tendrá un wider scope para la próxima Copa del Mundo. Con esta ampliación de funciones, los árbitros ya no solo revisarán goles o penales directos, sino que pondrán la lupa en jugadas que antes quedaban fuera de su jurisdicción, como los saques de esquina que pueden cambiar drásticamente el rumbo de un encuentro eliminatorio.
Los cambios no se detienen ahí, pues el sistema ahora intervendrá directamente en las segundas tarjetas amarillas, un punto que ha generado controversias interminables en el pasado. Hasta hace poco, una expulsión por doble amonestación no podía ser revisada por el monitor, dejando a equipos enteros en desventaja por errores de apreciación que resultaban evidentes en la repetición. Además, para combatir esa desesperante táctica de hacer tiempo, se implementarán cronómetros visibles de cuenta regresiva para agilizar los reinicios de juego, asegurando que los aficionados vean más futbol real y menos drama innecesario en el césped.
Para nosotros en México y en el resto de Latinoamérica, donde el futbol se vive con una pasión que a veces raya en el reclamo eterno, esta noticia es un bálsamo y un reto a la vez. La afición mexicana está muy acostumbrada a las polémicas arbitrales tanto en la Liga MX como en los partidos de la Selección, por lo que ver estas herramientas de precisión en el escenario más grande del mundo genera una expectativa enorme. Si el sistema logra reducir las dudas en el Mundial, es casi un hecho que pronto veremos estas mismas exigencias de exactitud aterrizar en nuestras canchas locales para profesionalizar aún más nuestro torneo nacional.
Por ahora, lo que sigue es la capacitación intensiva de los cuerpos arbitrales internacionales para que el uso de estas nuevas herramientas no rompa el ritmo natural del juego. Según reportes, la intención es que las decisiones sean sumamente rápidas y que el reloj de cuenta regresiva presione a los jugadores a reanudar el juego sin simulaciones ni demoras estratégicas. El mundo del deporte estará observando de cerca si esta tecnología logra, de una vez por todas, que la justicia deportiva sea la verdadera protagonista y que el silbatazo final no deje un sabor amargo por errores evitables.





