El telescopio espacial James Webb (JWST, por sus siglas en inglés) continúa sorprendiendo a la comunidad científica y a los aficionados de la astronomía en México y el mundo. En su más reciente entrega, la NASA compartió un par de imágenes espectaculares de la nebulosa PMR 1, apodada acertadamente como la "Nebulosa del Cráneo Expuesto" debido a su asombrosa similitud con la estructura de un cerebro humano.

Esta formación cósmica, que consiste en una vasta nube de polvo y escombros espaciales, representa uno de los eventos más dramáticos del universo: las etapas finales de la vida de una estrella. Las imágenes capturadas no solo son visualmente impactantes, sino que proporcionan información fundamental sobre cómo estas estructuras adquieren sus formas características. Según detalló la NASA en su comunicado oficial, la nebulosa presenta regiones bien diferenciadas que documentan diversas fases de su evolución estelar.

En la periferia de la nebulosa se observa una capa exterior de gas compuesta principalmente por hidrógeno, la cual fue la primera en ser expulsada por la estrella moribunda. En contraste, el interior alberga una nube mucho más compleja y estructurada que contiene una mezcla heterogénea de distintos gases. Uno de los rasgos más distintivos es una línea oscura que atraviesa la nebulosa de forma vertical, dándole esa apariencia craneal tan particular. Los científicos sugieren que esta hendidura podría ser el resultado de flujos de gas emitidos desde la estrella central, comúnmente conocidos como "jets gemelos", que salen disparados en direcciones opuestas a gran velocidad.

Para lograr este nivel de detalle, se utilizaron dos de los instrumentos más avanzados del Webb: la Cámara de Infrarrojo Cercano (NIRCam) y el Instrumento de Infrarrojo Medio (MIRI). Esta combinación tecnológica permite ver a través del polvo estelar que normalmente ocultaría estos fenómenos a los telescopios ópticos tradicionales, ofreciendo una ventana única al pasado y futuro de nuestra galaxia.

Este hallazgo refuerza la importancia del James Webb —un proyecto internacional liderado por la NASA en colaboración con las agencias espaciales de Europa y Canadá— como la herramienta astronómica más potente jamás construida. Para la comunidad científica en México, que mantiene una activa participación en la observación astronómica a través de instituciones como la UNAM, este tipo de imágenes representan datos invaluables para entender la composición química del universo y el destino final de los sistemas solares.