El Salvador ha dejado de ser sinónimo de violencia para posicionarse como el nuevo 'El Dorado' del turismo en Centroamérica. Lo que antes era un territorio fragmentado por el control de las pandillas, hoy experimenta una transformación radical que atrae a visitantes de todo el mundo. Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado directo de la implementación del estado de excepción por parte del gobierno actual.
Desde la puesta en marcha de esta medida, que ha derivado en la detención de decenas de miles de presuntos pandilleros, la percepción de seguridad en el país ha dado un giro de 180 grados. Las calles de San Salvador y las playas de la costa del Pacífico, antes consideradas zonas de alto riesgo, ahora lucen abarrotadas de turistas que buscan sol, surf y cultura. Para el mercado mexicano, que comparte lazos históricos y culturales con la región, este cambio resulta especialmente llamativo, pues demuestra cómo la pacificación de un territorio puede dinamizar la economía de forma casi inmediata.
Cifras oficiales y reportes internacionales coinciden en que el auge turístico es histórico. El Salvador ha pasado de ser un país del que muchos huían a uno que miles desean visitar. Las autoridades locales reportan un incremento significativo en la llegada de viajeros internacionales, impulsado por una narrativa de orden y control que ha resonado con fuerza en el extranjero. No obstante, este renacimiento turístico no está exento de debate, ya que el método utilizado para alcanzar estos niveles de seguridad sigue bajo el escrutinio de diversos organismos internacionales por sus implicaciones en materia de derechos humanos.
A pesar de las controversias, el impacto económico es innegable. La industria hotelera, los servicios de transporte y el sector restaurantero viven un momento de prosperidad sin precedentes. El Salvador busca consolidarse como un referente regional, compitiendo con destinos tradicionales gracias a su renovada infraestructura y su apuesta por la seguridad pública. En conclusión, el país centroamericano atraviesa una etapa de redefinición profunda, donde el turismo se ha convertido en el motor principal de su nueva imagen ante el mundo.


