Durante la mañana del pasado jueves, se llevó a cabo un panel de preguntas y respuestas con cuatro de los principales ejecutivos de la división de teléfonos inteligentes de Samsung. Este encuentro cobra una relevancia crítica si consideramos que, hasta el año 2025, la firma surcoreana ostentaba el título del mayor fabricante de smartphones y, por consecuencia, del mayor productor de cámaras a nivel mundial. Actualmente, Samsung se mantiene como el segundo competidor más importante del sector, solo por detrás de Apple.

El debate central del evento giró en torno a una pregunta incómoda pero necesaria sobre el futuro de la imagen digital: ¿qué sucede cuando la inteligencia artificial (IA) comienza a socavar nuestra capacidad para distinguir lo real de lo fabricado? En la actualidad, existe una división evidente en la sociedad. Por un lado, se encuentran los usuarios que celebran las capacidades de la IA para realizar ediciones impresionantes en sus fotos y videos. Por otro, surge un grupo creciente de personas que rechazan cualquier intervención algorítmica, bajo el argumento de que esta tecnología está destruyendo el concepto tradicional de evidencia fotográfica.

La preocupación de los expertos no es menor. En un mundo donde las imágenes han servido históricamente como un registro de la verdad, la facilidad con la que la IA generativa puede crear 'deepfakes' o alterar realidades está provocando una crisis de confianza sin precedentes. Herramientas de metadatos como el estándar C2PA, diseñadas originalmente para etiquetar y rastrear el origen de las imágenes mediante etiquetas de procedencia, han demostrado ser insuficientes ante la velocidad y sofisticación del avance tecnológico.

Para el mercado mexicano, donde Samsung posee una presencia masiva y es una de las marcas de mayor lealtad entre los consumidores, esta discusión tiene implicaciones directas. La compañía no solo vende dispositivos de comunicación; define las herramientas con las que capturamos y recordamos nuestra vida cotidiana. Si la realidad fotográfica se vuelve cuestionable, el impacto social y ético es profundo, afectando desde el periodismo hasta la legalidad de las pruebas digitales.

A medida que los gigantes tecnológicos continúan integrando funciones de IA cada vez más potentes en sus cámaras, queda en el aire una pregunta que las empresas aún no logran responder con claridad: ¿están las marcas ayudando a documentar el mundo de forma fidedigna o simplemente están facilitando el camino hacia un futuro donde la verdad visual ha dejado de existir?