En lo que se describe como el momento más peligroso de su mandato hasta la fecha, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, enfrenta una crisis de legitimidad que los analistas han bautizado como el “Valle de la Muerte”. El revés sufrido en la reciente elección especial (by-election) de Gorton y Denton ha encendido las alarmas dentro del Partido Laborista, evidenciando que el entorno starmer electoral es mucho más frágil de lo que sugería su amplia mayoría parlamentaria obtenida hace apenas unos meses.

Para el lector en México, es fundamental entender que Keir Starmer asumió el cargo en julio de 2024, prometiendo estabilidad tras años de caos conservador. Sin embargo, en el sistema parlamentario británico, las elecciones locales y especiales funcionan como un termómetro en tiempo real de la aprobación ciudadana. La pérdida de estos escaños clave sugiere que el electorado está castigando rápidamente las primeras decisiones de su administración.

Lo que hoy marca un giro en la narrativa política británica es la confirmación de una pinza opositora. Por un lado, Nigel Farage —líder del partido Reform UK y figura central del Brexit— y por otro, el Partido Verde, han anunciado que tienen en la mira cientos de escaños para las elecciones municipales de mayo. Esta alianza táctica, aunque no formal, está erosionando la base de votantes laboristas por los flancos derecho e izquierdo simultáneamente.

A diferencia de crisis anteriores, el dato nuevo es la magnitud del desplome laborista en zonas que antes se consideraban bastiones seguros. Lo que falta por confirmar es si este descontento es una reacción pasajera a medidas económicas recientes o si representa un realineamiento profundo del voto obrero británico hacia opciones más radicales o ambientalistas.

El gobierno de Starmer ahora debe decidir si ajusta su rumbo político o si mantiene su estrategia actual, arriesgándose a una debacle mayor en los comicios de mayo. Por ahora, el Partido Laborista ha entrado en una fase de introspección forzada mientras sus rivales celebran lo que consideran el fin de la “luna de miel” del nuevo gobierno.