En lo que va del año, Puebla acumula 85 incendios forestales confirmados por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), lo que posiciona a la entidad en el quinto lugar nacional de siniestros. Los datos actualizados al 5 de marzo de este año revelan una emergencia ambiental que ya consumió más de mil hectáreas en territorio poblano. El informe oficial detalla que la actividad ígnea se ha concentrado en zonas de alta vulnerabilidad biológica.
El reporte institucional indica que las llamas han devastado mil 372 hectáreas en la entidad. A nivel federal, México registra un total de mil 238 conflagraciones distribuidas en 30 estados, sumando una superficie afectada de 57 mil 576 hectáreas. Puebla solo es superado en frecuencia por el Estado de México, Jalisco, la Ciudad de México y Michoacán, consolidando un corredor crítico de fuego en el centro del país.
La vegetación más golpeada en la región es de tipo herbáceo y arbustivo, representando el 98 por ciento de la superficie dañada, mientras que el resto corresponde a zonas arbóreas. Este fenómeno no es ajeno a España o el resto de Latinoamérica, donde la sequía prolongada y el aumento de temperaturas están provocando crisis forestales similares que exigen una revisión de los protocolos de respuesta. La tendencia climática global sugiere que estos eventos serán más frecuentes y agresivos.
Las autoridades estatales mantienen una vigilancia permanente ante el incremento de las temperaturas que favorece la propagación del fuego. Se espera que los operativos de protección civil se intensifiquen en las zonas boscosas para evitar que la entidad escale posiciones en el ranking de afectación nacional. La coordinación entre los tres niveles de gobierno será determinante para contener los siniestros en los meses críticos de estiaje que están por venir.
El impacto social y económico de estos incendios obliga a una reevaluación de las políticas de prevención de desastres en el centro de la República. Mientras la cifra de hectáreas perdidas sigue en aumento, la prioridad institucional se centra en proteger los asentamientos humanos cercanos a las zonas de riesgo. Hasta el momento, no se reportan víctimas mortales derivadas directamente de estos incidentes forestales, pero el daño ecológico es irreversible a corto plazo.





