En el mercado tecnológico actual, es común encontrar impresoras domésticas a precios sorprendentemente bajos en las principales tiendas de autoservicio y departamentales de México. Sin embargo, esta accesibilidad inicial esconde una realidad financiera que muchos usuarios descubren demasiado tarde: el costo de la tinta puede superar rápidamente el valor total del propio dispositivo.

Según un reciente informe del portal especializado CNET, esta disparidad de precios no es una casualidad, sino la base de un modelo de negocio estratégico conocido globalmente como "el modelo de la navaja y la cuchilla". En este esquema, los fabricantes venden el hardware principal —la impresora— a un precio muy cercano a su costo de producción, o incluso con pérdidas, con el objetivo de asegurar una base de clientes cautiva que deberá adquirir cartuchos originales de alto margen de ganancia durante toda la vida útil del equipo.

La complejidad de la tinta también juega un papel fundamental en su elevado precio. No se trata simplemente de agua con colorante; las empresas líderes como HP, Canon y Epson invierten millones de dólares anualmente en investigación y desarrollo. Estas fórmulas químicas están diseñadas para secarse instantáneamente, resistir la decoloración por años y no obstruir los microscópicos inyectores de los cabezales de impresión, los cuales son proezas de la ingeniería moderna. Además, los cartuchos actuales integran microchips diseñados para comunicarse con la computadora, lo que a menudo dificulta o bloquea el uso de consumibles de terceros o genéricos.

En términos comparativos, la tinta de impresora se posiciona como uno de los líquidos más costosos del mundo. Diversos estudios de mercado indican que, si se calculara por volumen, el costo por litro de tinta negra superaría con creces el precio de productos de lujo como el champaña francés de reserva o los perfumes de alta gama. Para el consumidor mexicano promedio, que a menudo requiere impresiones para tareas escolares o trabajo de oficina en casa, este gasto recurrente representa un impacto significativo en la economía familiar.

Ante este panorama, el mercado en México ha comenzado a virar hacia sistemas de tanques de tinta recargables, conocidos popularmente como impresoras de "relleno continuo". Aunque estos equipos tienen un precio de venta inicial mucho más alto que las impresoras de cartuchos tradicionales, ofrecen un costo por página significativamente menor, desafiando un modelo de negocio que ha dominado la industria tecnológica durante las últimas décadas.