La reconocida actriz mexicana Eiza González ha decidido utilizar su plataforma y alcance internacional para visibilizar una problemática que marcó gran parte de su juventud: los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y la dismorfia corporal. A través de un honesto relato compartido en sus redes sociales, la intérprete detalló cómo factores personales y la implacable presión del medio artístico nacional forjaron una relación complicada y dolorosa con su imagen física.

El origen de esta batalla se remonta a un episodio traumático en su adolescencia: la muerte repentina de su padre. González explicó que, a los 13 años, el duelo no procesado la llevó a refugiarse en la comida como un mecanismo de defensa mientras atravesaba los cambios naturales de la pubertad. “Había ganado 30 libras (aproximadamente 13 kilos) casi de la noche a la mañana, navegando el dolor, la pubertad y la confusión todo al mismo tiempo”, recordó la actriz, subrayando que este fue el punto de partida de una etapa marcada por la depresión y la incomprensión de su entorno.

Sin embargo, su incursión en la industria del entretenimiento en México intensificó su malestar. Al iniciar su carrera frente a las cámaras, Eiza se enfrentó a un escrutinio público constante y severo. La actriz denunció que cada aspecto de su apariencia era diseccionado por los medios de comunicación y el público, lo que fomentó una profunda dismorfia corporal. “Cada imagen era diseccionada, cada detalle criticado, y todos parecían tener una opinión sobre mi cuerpo, sobre quién era y quién debía ser”, señaló, haciendo eco de la presión que suelen imponer los estándares de belleza en la televisión nacional.

Durante su adolescencia y los primeros años de su carrera, González desarrolló conductas obsesivas relacionadas con su peso, llegando a medir su valor personal exclusivamente a través de los kilogramos. Esta búsqueda desesperada de aprobación externa la llevó a cuestionarse si alcanzar una figura extremadamente delgada sería la clave para ser aceptada por los demás y, finalmente, por ella misma. Este ciclo de pensamientos negativos afectó seriamente su autoestima durante años.

Tras un largo proceso de recuperación y gracias al apoyo de especialistas, la actriz asegura haber transformado su mentalidad. Hoy, en una etapa de madurez personal y profesional en Hollywood, Eiza González enfatiza que su prioridad absoluta es la salud física y mental por encima de las expectativas ajenas. “Hoy, como una mujer adulta, me escojo a mí misma. No ha sido un camino fácil, y aún continúa”, concluyó. Con este valiente testimonio, la estrella mexicana busca desestigmatizar los trastornos alimenticios y recordar a sus seguidores que la verdadera validación debe provenir del interior.