En un movimiento que ha sacudido los cimientos de las instituciones de gobernanza global, Børge Brende anunció su renuncia como presidente del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). La salida del alto ejecutivo noruego se produce tras la publicación de reportes detallados por el diario The New York Times, que revelan que Brende mantuvo contactos con el fallecido financiero y delincuente sexual convicto, Jeffrey Epstein.

Brende, quien antes de liderar el organismo internacional se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, admitió haber sostenido comunicaciones con Epstein incluso después de que este último fuera condenado por delitos sexuales en 2008. Aunque no se han presentado cargos directos contra Brende por actividades ilícitas, la naturaleza de su relación con una de las figuras más polémicas de la última década ha sido considerada inaceptable por la junta directiva y los socios del Foro.

Para el contexto mexicano, la relevancia de esta noticia es mayúscula. El Foro Económico Mundial es la organización que coordina la cumbre anual en Davos, Suiza, un evento que cada año recibe a los líderes políticos y económicos más influyentes de México. Históricamente, figuras de la talla de presidentes en turno, secretarios de Hacienda y empresarios como Carlos Slim o los directivos de los principales bancos del país, acuden a estas reuniones para establecer la agenda económica global y atraer inversiones hacia territorio nacional. La renuncia de Brende pone bajo el reflector la ética de las élites internacionales que toman decisiones con impacto en economías emergentes como la nuestra.

El escándalo de Jeffrey Epstein continúa extendiendo su sombra sobre figuras de alto nivel en la política, la ciencia y las finanzas. En el caso de Brende, el juicio de la opinión pública y de los miembros del Foro ha sido implacable, argumentando que mantener vínculos con un criminal de ese perfil contradice los principios de responsabilidad social y transparencia que la organización afirma promover.

Hasta el momento, el Foro Económico Mundial ha iniciado un proceso de transición interna para designar un sucesor que logre limpiar la imagen de la institución. Mientras tanto, analistas internacionales prevén que este incidente podría provocar una auditoría más estricta sobre las relaciones personales y profesionales de otros directivos de alto rango, en un intento por recuperar la credibilidad perdida ante los gobiernos y las corporaciones globales que financian el organismo.