La sombra del caso Jeffrey Epstein vuelve a cernirse sobre la política estadounidense, esta vez con implicaciones directas para el expresidente y actual aspirante republicano, Donald Trump. Legisladores del Partido Demócrata han denunciado formalmente la desaparición de una serie de documentos judiciales fundamentales que formarían parte del extenso expediente del fallecido magnate, acusado de tráfico y abuso sexual de menores.

De acuerdo con reportes internacionales, los archivos faltantes están estrechamente vinculados a una denuncia que, aunque no ha sido verificada legalmente, detalla el testimonio de una mujer que acusa al magnate inmobiliario de haberla agredido sexualmente durante la década de los ochenta. La “evaporación” de estos folios ha levantado serias dudas sobre la custodia de las pruebas y la integridad del sistema judicial en casos que involucran a figuras de alto perfil político y económico.

El equipo legislativo demócrata insiste en que la pérdida de estos materiales no puede considerarse un simple error administrativo. Argumentan que la desaparición de pruebas que involucran a figuras de poder perpetúa un ciclo de opacidad que ha caracterizado al caso Epstein desde que estalló el escándalo inicial. En un contexto donde Estados Unidos se encamina a un proceso electoral de alta polarización, cualquier revelación o supresión de información sobre el pasado de los candidatos adquiere una relevancia crítica para la opinión pública y la ética institucional.

Para el lector en México, este caso resulta de especial interés debido a la estrecha relación bilateral y al impacto que la figura de Trump tiene en temas de migración, comercio y seguridad nacional. La transparencia en los procesos judiciales del país vecino es vista como un termómetro de la estabilidad democrática en la región, especialmente cuando se trata de figuras que han buscado o buscan la jefatura del Estado.

Hasta el momento, las autoridades encargadas de la custodia de los archivos no han emitido una declaración oficial que explique el paradero de las decenas de páginas faltantes. Mientras tanto, la presión en el Capitolio aumenta, con exigencias de una investigación exhaustiva para determinar si hubo dolo en la gestión de estos expedientes o si se trata de una falla sistémica en los protocolos de archivo del Departamento de Justicia estadounidense.