Lo que alguna vez fue un código exclusivo de los rincones más oscuros y misóginos de internet ha logrado infiltrarse en la cultura popular global. Términos como 'looksmaxxing' y 'mogged', nacidos en el seno de la subcultura 'incel' (célibes involuntarios), han migrado de foros marginales directamente a los muros de redes sociales como TikTok e Instagram, volviéndose prácticamente inevitables para cualquier usuario joven.

De acuerdo con un análisis de la revista especializada Wired, esta transición representa un cambio significativo en la comunicación digital. El concepto de 'looksmaxxing' se refiere a la obsesión por maximizar el atractivo físico mediante rutinas extremas, que van desde el cuidado de la piel y el ejercicio intenso hasta intervenciones quirúrgicas. Por su parte, el término 'mogging' describe el acto de dominar o eclipsar a otros basándose únicamente en la superioridad física. Aunque en redes sociales a menudo se presentan como simples tendencias de superación personal o humor, su origen está profundamente arraigado en ideologías de resentimiento y competitividad tóxica.

En el contexto de México, este fenómeno es particularmente relevante debido al alto consumo de contenido digital entre los adolescentes y jóvenes de la Generación Z y la Generación Alpha. La adopción de estos anglicismos no es solo una cuestión de moda lingüística; refleja la asimilación de estándares estéticos inalcanzables que pueden detonar problemas de salud mental, como la dismorfia corporal. Muchos jóvenes mexicanos consumen estos videos sin estar plenamente conscientes de que el trasfondo de estos términos promueve una visión deshumanizante de las relaciones humanas y la autoestima.

El algoritmo de las plataformas sociales juega un papel crucial en esta propagación. Al premiar el contenido visual impactante, los videos sobre 'looksmaxxing' se vuelven virales rápidamente, normalizando un lenguaje que anteriormente estaba asociado exclusivamente con discursos de odio en foros anónimos. La preocupación de los especialistas radica en que, al limpiar la imagen de estos términos para un público masivo, se corre el riesgo de validar las ideologías subyacentes que los originaron.

Esta evolución del lenguaje digital subraya la necesidad de una mayor alfabetización mediática en el país. Entender de dónde vienen las palabras que se utilizan a diario en internet es el primer paso para proteger la integridad emocional de las nuevas generaciones frente a las corrientes más tóxicas de la red.