Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, mundialmente conocido como 'El Mencho', ha logrado posicionar al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como una de las organizaciones criminales más expansivas y peligrosas del mundo. De acuerdo con especialistas en seguridad, el éxito delictivo de Oseguera no solo se basó en el uso sistemático de la violencia, sino en una estructura que operó con una visión empresarial y una red de complicidades políticas.
En un análisis sobre la trayectoria del capo, el experto en seguridad David Saucedo destacó que la estrategia de 'El Mencho' combinó la 'fuerza bruta' con una habilidad logística para corromper a las autoridades. Este modelo le permitió obtener el respaldo, por acción u omisión, de alcaldes, jefes policiales e incluso gobernadores, facilitando la expansión territorial del cártel en gran parte de la República Mexicana y más de 40 países.
Los orígenes de Oseguera Cervantes se remontan al extinto Cártel del Milenio, una célula que operaba bajo el mando del Cártel de Sinaloa. El punto de inflexión ocurrió en julio de 2010 con el abatimiento de Ignacio 'Nacho' Coronel, quien era el principal operador de la organización sinaloense en Jalisco. La muerte de Coronel provocó un vacío de poder y una fragmentación interna que 'El Mencho' supo capitalizar para fundar lo que hoy conocemos como el CJNG.
Aunque el Cártel del Milenio se dedicaba a delitos como el narcomenudeo, el robo de vehículos de alta gama, la extorsión y el secuestro, David Saucedo señala que su mayor impacto histórico fue haber servido como la 'cuna' de uno de los capos más buscados a nivel internacional. Lo que inició como un brazo armado local, evolucionó rápidamente hacia una organización transnacional capaz de desafiar directamente a las fuerzas del Estado.
La evolución de Oseguera Cervantes refleja la transformación del narcotráfico en México: de grupos locales subordinados a estructuras autónomas y altamente tecnificadas. Hoy en día, el legado de 'El Mencho' sigue siendo uno de los mayores retos para la seguridad nacional, marcado por un rastro de sangre y una 'narconomina' que, según investigaciones, llegaba a repartirse entre diversos niveles de la administración pública para garantizar su impunidad y permanencia en el poder.


