Durante más de seis décadas, el Cuerpo de Paz (Peace Corps) se ha consolidado como una agencia emblemática de los Estados Unidos, dedicada a brindar apoyo a comunidades marginadas en todo el mundo. Sin embargo, una nueva y polémica iniciativa denominada 'Tech Corps' está bajo la lupa, ya que podría desvirtuar la esencia de la organización al convertir a sus voluntarios en promotores de las grandes empresas de inteligencia artificial (IA) de Silicon Valley.
Fundado en 1961 por el presidente John F. Kennedy, el Cuerpo de Paz nació con el propósito de enviar a ciudadanos estadounidenses capacitados a naciones en desarrollo para colaborar en áreas críticas como la educación, la salud y la agricultura. Según informes de instituciones como el Brookings Institution, la agencia fue concebida originalmente para estrechar lazos diplomáticos y fomentar el progreso social mediante el servicio directo. No obstante, el giro hacia el ámbito tecnológico sugiere una transición de un modelo de servicio humanitario hacia uno de claros intereses comerciales.
El programa 'Tech Corps' busca reclutar perfiles especializados que actúen como intermediarios tecnológicos en el extranjero. La controversia radica en que estos voluntarios, en lugar de centrarse únicamente en el bienestar social tradicional, estarían posicionando herramientas de IA desarrolladas por gigantes tecnológicos estadounidenses. Diversos analistas y medios internacionales señalan que muchas de estas empresas mantienen vínculos estrechos con la administración del presidente Donald Trump, lo que ha despertado inquietudes sobre el uso de una agencia gubernamental para fines de lucro corporativo y alineación política.
Para México y el resto de América Latina, esta noticia resulta de especial relevancia dado el impacto que la tecnología estadounidense tiene en los mercados emergentes y los programas de cooperación internacional. El temor principal de los críticos es que el Cuerpo de Paz abandone su neutralidad y su enfoque histórico en el desarrollo humano básico —como la infraestructura de agua o la alfabetización— para priorizar la expansión del mercado de software estadounidense bajo el pretexto de la modernización tecnológica.
Este cambio de rumbo plantea preguntas fundamentales sobre el futuro de la diplomacia blanda de Estados Unidos. Mientras que la tecnología puede ser un potente motor de cambio, la transformación de voluntarios en lo que algunos califican como 'vendedores de facto' de Silicon Valley amenaza con socavar la confianza que la agencia ha construido durante más de sesenta años en las comunidades globales.
