En una era donde la hiperconectividad parece ser la norma, el testimonio de Sara Trunchion, una madre cuya historia ha cobrado relevancia internacional, ha encendido las alarmas entre especialistas y familias. Lo que comenzó como una preocupación común por el tiempo que su hija Eloise, de 15 años, pasaba frente al celular, escaló rápidamente hasta convertirse en una crisis familiar que Sara describe con una palabra aterradora: su hija parecía estar "poseída".
El relato, basado en la experiencia de esta madre británica, detalla cómo Eloise, anteriormente una joven sana, alegre y equilibrada, experimentó una transformación radical y violenta en su personalidad. De acuerdo con Trunchion, la adolescente comenzó a mostrar episodios de ira incontrolable, llanto inconsolable y comportamientos erráticos que fracturaron la paz del hogar. La situación llegó a tal extremo que Sara confesó haber tenido que perseguir a su hija por la calle tras arranques de furia repentinos provocados por la restricción de sus dispositivos.
Este fenómeno, que los expertos asocian con la dependencia severa a los algoritmos y las redes sociales, no es ajeno a la realidad en México. En nuestro país, donde el uso de dispositivos móviles entre menores de edad ha crecido exponencialmente, instituciones de salud y psicólogos advierten sobre los "detonantes" que los padres deben vigilar para evitar cuadros graves de ansiedad o trastornos de conducta vinculados a la vida digital.
Sara Trunchion enfatiza que el problema no radica únicamente en el tiempo de pantalla, sino en cómo el diseño de las plataformas digitales afecta el sistema de recompensa del cerebro adolescente. Los síntomas de una crisis nerviosa, similares a un cuadro de abstinencia, pueden manifestarse mediante agresividad física y verbal cuando se intenta establecer un límite. Para Sara, fue un proceso doloroso ver cómo la esencia de su hija desaparecía detrás de una pantalla.
Para los padres de familia en México, este caso sirve como un espejo de una problemática creciente que a menudo se confunde con la rebeldía natural de la edad. Especialistas sugieren que el aislamiento social, la falta de sueño, los cambios bruscos de humor al dejar el teléfono y las reacciones desproporcionadas ante reglas simples son focos rojos que requieren atención inmediata.
La historia de Eloise es un recordatorio urgente de que la salud mental de los jóvenes puede verse gravemente comprometida por factores tecnológicos. La intervención temprana, la supervisión del contenido y el fomento de actividades fuera del entorno digital son herramientas clave para evitar que más adolescentes caigan en este ciclo de dependencia emocional y conductual.


