La Copa del Mundo ya está en casa. En un movimiento cargado de simbolismo, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el trofeo del Mundial 2026 en Palacio Nacional, marcando el inicio de la cuenta regresiva oficial: quedan 100 días para que el planeta se paralice. Pero el mensaje fue más allá del fútbol. La promesa de una Copa para “todas y todos” no es solo un eslogan; es la declaración de intenciones de un país que busca usar el deporte más popular del mundo como una vitrina de modernidad e inclusión, con el histórico Estadio Azteca listo para hacer historia por tercera vez albergando el partido inaugural.

Para millones de mexicanos, esto es más que un torneo. Es un motor económico que promete reactivar el turismo, generar miles de empleos y poner a prueba la infraestructura de ciudades como Guadalajara, Monterrey y la capital. La derrama económica esperada se cuenta en cientos de millones de dólares, un balón de oxígeno que impactará desde grandes cadenas hoteleras hasta el comerciante local. La presión está sobre los organizadores para garantizar que los beneficios permeen y que la logística esté a la altura de un evento que compartirán con Estados Unidos y Canadá.

El foco no solo está en México. Para toda Latinoamérica, que México sea anfitrión por tercera ocasión es un motivo de orgullo y un referente de capacidad organizativa en la región. El éxito del evento podría abrir puertas para futuras candidaturas sudamericanas. En España y el resto de Europa, la expectativa es máxima, no solo por la pasión futbolística que une continentes, sino por el interés en ver cómo el primer Mundial tripartito gestiona la seguridad y la movilidad de millones de aficionados que cruzarán fronteras para seguir a sus selecciones. Es un examen global para el nuevo formato de la FIFA.

Ahora comienza la verdadera carrera. Con el cronómetro en marcha, el comité organizador y las autoridades federales deben afinar los últimos detalles de un operativo de seguridad masivo, coordinar la logística de transporte y asegurar que la experiencia del aficionado sea impecable. La atención se centrará en los próximos anuncios sobre venta de boletos, planes de movilidad urbana y las actividades culturales que vestirán al país de fiesta. Lo que hasta hoy era un plan, en 100 días será una realidad vibrante que pondrá a México en los ojos del mundo.