Nvidia, la empresa que se ha posicionado como el motor indiscutible de la revolución de la Inteligencia Artificial (IA), presentó recientemente su informe de resultados financieros, dejando una frase para la posteridad de su CEO, Jensen Huang: “El cómputo equivale a ingresos” (Compute equals revenues). Esta declaración no es un simple eslogan publicitario, sino el pilar central sobre el cual la compañía pretende sostener su estratosférica valoración en el mercado global.
Para el lector en México, es fundamental entender que Nvidia ha dejado de ser únicamente una empresa de tarjetas de video para videojuegos. Hoy en día, sus procesadores son la infraestructura crítica que alimenta desde los asistentes virtuales más avanzados hasta los sistemas de logística y manufactura que ya comienzan a implementarse en el sector industrial mexicano. La empresa se ha transformado en el proveedor de los “picos y palas” de la era digital, y sus resultados financieros son vistos como el termómetro oficial de la economía de la IA.
Durante la llamada con inversionistas, Huang enfatizó un cambio de paradigma: las empresas ya no deben ver la adquisición de potencia de cómputo como un gasto operativo tradicional, sino como una inversión directa que genera ganancias. Según el directivo, cuanta más capacidad de procesamiento tenga una organización, más rápido podrá desarrollar y monetizar soluciones basadas en datos. Este argumento busca calmar las dudas de los analistas que temen una posible burbuja tecnológica, insistiendo en que la demanda de infraestructura no es solo una moda, sino una necesidad de negocio.
El éxito de Nvidia tiene implicaciones directas en el panorama tecnológico de América Latina. Con el auge del “nearshoring” y la creciente instalación de centros de datos en territorio mexicano, el costo y la disponibilidad de la tecnología de Nvidia dictan el ritmo de la modernización digital en la región. Si la premisa de Huang resulta ser cierta, las empresas mexicanas que inviertan en capacidad de procesamiento podrían ver una ventaja competitiva sin precedentes en el corto plazo.
En conclusión, Nvidia se encuentra en una posición donde necesita que su nueva visión sea una realidad tangible. Con la próxima llegada de sus nuevos chips de arquitectura Blackwell, la compañía apuesta todo a que la capacidad de procesar datos se convierta en la nueva moneda de cambio de la economía global. El tiempo dirá si el eslogan de Huang es el inicio de una era de prosperidad o un reto demasiado grande para mantener en el tiempo.

