En una decisión que redefine el panorama de los servicios financieros en el país, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) ha objetado formalmente la propuesta de Visa Internacional para adquirir el 51% de las acciones de Prosa, una de las dos cámaras de compensación que dominan el mercado de transacciones electrónicas en México. La resolución ha generado eco en el sector bancario, pues reabre el debate sobre la concentración de poder en el procesamiento de pagos con tarjeta.

El origen de esta controversia se remonta a investigaciones previas de la Cofece, donde se determinó que el sistema de pagos en México enfrentaba barreras significativas a la libre competencia. En aquel momento, la Autoridad Investigadora sugirió que los principales bancos mexicanos, actuales dueños de Prosa y E-Global, deberían vender su participación en estas cámaras para permitir una mayor apertura. Sin embargo, el Pleno de la Cofece optó entonces por no forzar la desinversión, limitándose a emitir recomendaciones regulatorias al Banco de México (Banxico) y a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) para mejorar la interoperabilidad del sistema.

La negativa actual hacia Visa radica en la dualidad de su rol dentro del ecosistema financiero. Si bien Visa es un gigante tecnológico con capacidad probada, ya posee una marca de tarjetas emitida mundialmente. Al intentar tomar el control de Prosa, se plantean preocupaciones sobre la integración vertical. Esto podría permitir a Visa acceder a información transaccional sensible de sus competidores directos, como Mastercard, lo que derivaría en una ventaja competitiva desleal y en la posible creación de una estructura monopólica que afectaría los precios y servicios para el consumidor final.

Aunque la entrada de nuevos jugadores financieros suele ser vista como una vía para revitalizar el mercado, la naturaleza del comprador es determinante. En este caso, la autoridad considera que la consolidación de un actor que ya domina otros eslabones de la cadena podría asfixiar la oferta en lugar de diversificarla. Para el usuario mexicano, esta decisión subraya la vigilancia constante sobre las comisiones y la seguridad de sus transacciones en un entorno cada vez más digitalizado.

El futuro de la infraestructura de pagos en México queda ahora en un compás de espera, mientras las instituciones regulatorias buscan equilibrar la necesidad de modernización tecnológica con la garantía de un mercado equitativo para todos los participantes.